0

Hablando estos días con descendientes de mallorquines exiliados, he podido conocer una de las historias más terribles de la Guerra Civil: la de Maria Bueno Picornell. Un bombardeo republicano en Palma mató a su madre y a su hermano pequeño; poco después, el bando franquista la encerró en prisión y fusiló a su marido. Vivió el resto de su vida hundida en la pena, abrazada a su única hija, hasta que murió rodeada de silencio en Barcelona en 1996. Su nombre quedó borrado de la historia. No tiene memoria, homenaje ni placa alguna.

Maria nació en el centro de Palma, en la plaza del Pes de sa Palla, en una familia de seis hermanos. Su padre era inspector de tranvía. Durante los agitados años de la II República, ella comenzó a simpatizar con las izquierdas y se casó con un militante comunista activo, Josep Riera Ramon, miembro de Socorro Rojo Internacional. Pronto tuvieron una hija: Magdalena Riera Bueno. La suerte les sonrió en julio de 1936. El golpe militar les cogió en Barcelona porque habían ido a ver la Olimpiada Popular Antifascista. Aquello les salvó de la represión que se estaba desatando en Mallorca contra todos los izquierdistas. Seguro que Josep Riera hubiera sido detenido. Toda la familia celebró la victoria sobre los sublevados en Cataluña y luego Josep se alistó como miliciano en la expedición del capitán Bayo para liberar las islas.

Las fuentes son escasas. Según las fichas del historiador Gonzalo Berger, Josep se afilió al PSUC y se enroló en la columna comunista del Comandante Cabrera. Salió de Barcelona para Menorca el 3 de agosto de 1936. Allí, según el historiador David Ginard, sería nombrado secretario de Ayuda del Secretariat Antifeixista Mallorquí. Participó en la Batalla de Mallorca y, tras la derrota, parece que la familia se quedó un tiempo en Menorca porque Josep no firmó el retorno en su ficha de miliciano.
La tragedia llegó el 31 de mayo de 1937. Ese día, tres bombarderos republicanos atacaron el núcleo urbano de Palma y asesinaron a diez civiles inocentes. Una de las bombas cayó en la plaza del Pes de sa Palla y mató a la madre de Maria, Maria Picornell Mayol, de 41 años, y a su hermano pequeño, Alfonsito Bueno, de solo 15 años.

La segunda tragedia llegaría tres meses después. La familia navegaba de Barcelona a Menorca cuando fueron capturados por la marina franquista. Ambos fueron encerrados a la espera de juicio. Según la causa militar, Josep era culpable de militancia comunista y haber dicho en el barco que «prefería morir a caer en manos de los falangistas». Fue fusilado en el Fortín de Illetas al alba del 31 de enero de 1938. Su familia todavía busca su cuerpo.

Mientras, Maria, sufría en la oscuridad de una fría celda la pérdida de su madre, su hermano pequeño y su marido. Un día, apareció un rostro familiar al otro lado de los barrotes. Era su hermano Jaume, que había sido movilizado y destinado a la vigilancia de la prisión. Ella aprovechó aquellas interminables jornadas para bordarle una cartera: ‘De María para Jaime. Te quiero mucho’.
La guerra desperdigó a los descendientes de las familias. Unos se fueron a Filipinas, otros a Francia, otros siguen en Mallorca… Algunos todavía no se hablan debido al conflicto. La herida fue muy profunda.