Imagen de las nuevas construcciones de la zona del Nou Llevant. | Emilio Queirolo

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Nou Llevant es la denominación que define la transición del histórico Polígono de Levante como barrio obrero a un espacio en el que nuevos edificios residenciales comparten protagonismo con los de toda la vida y recintos polivalentes o administrativos (Administración Periférica, Hacienda...), hoteles e incluso el Palacio de Congresos, que han alterado sobremanera la fisonomía del horizonte de una zona que sirve de puerta al mar.

Eso sí, desde la Asociación de Vecinos del Nou Llevant recuerdan que siguen sin farmacias ni bancos y cada vez con menos servicios o tiendas. Esta entidad cuenta con un importante músculo social basado en cerca de 500 socios, además de desarrollar numerosas actividades regulares (yoga, pintura, baile en línea, zumba...) en el Casal de Barri, ubicado en el edificio del Museo Krekovic, uno de los emblemas y pulmones culturales de la zona, albergando también espacios como la biblioteca municipal o el archivo del Consell de Mallorca.

Estado del bar del Parque Krekovic, abandonado y cerrado. Foto: F.F.

Teresa Matos, María Cruz y Alejandro Sarmiento son, por este orden, la presidenta, secretaria y tesorero de la Asociación de Vecinos, que pese a las dificultades han logrado dar salida a su agenda de actividades, con o sin aportación total o directa de Cort, siendo una de las grandes razones de ser de la entidad, que lamenta la «excesiva burocratización» de los procesos.

El mantenimiento de los parques, especialmente el Wifi y el Krekovic, pero también la seguridad en los mismos, son dos puntos que preocupan de manera especial a los representantes vecinales, y en el caso del último se agrava con la presencia de okupas en el antiguo bar. «Esperamos que se arregle con la remodelación del Parque Krekovic», asegura Matos, presidenta del colectivo vecinal, que a la vez recuerda que «gracias a Ciudadanos, se solventó todo lo relacionado con la iluminación en el Parque Wifi», donde denuncian el mal estado del drenaje «por lo que se inunda cuando llueve» un problema que se extiende al colector, donde en uno de sus extremos aparecen ratas de gran tamaño, y también al depósito de los vehículos de Emaya próximo al ambulatorio, un foco de ruidos y malos olores.

Imagen del Parque Krekovic. Foto: F.F.
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La falta de iluminación en el Parque Krekovic, creando enormes zonas oscuras, es otras de las quejas trasladadas al Ajuntament de Palma, a la par que lamentan que, frente al Parque Wifi se ubique la Comandancia de la Guardia Civil «y no puedan actuar» en esta cuestión.

La Unidad Básica de Salud Emili Darder es su punto de referencia en materia sanitaria, aunque lamentan que «se ha quedado pequeña, faltan médicos y las citas las programan tarde....», siendo la surgencias en el PAC de Escuela Graduada y Son Llàtzer su hospital de referencia. Demográficamente, el cambio de perfil poblacional en el Nou Llevant afecta a la accesibilidad y eso hace en ocasiones complicado trasladarse al centro de salud, pese a que hay conexiones de la EMT, a la que solicitan extender su ruta en la línea 12 hasta el final de la Avenida de México, cerca de la rotonda de Can Blau. Ese transporte hasta el ambulatorio es otra de sus demandas.

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UBS Emili Darder, centro de salud de la barriada. Foto: F.F.

Reclaman a su vez un mayor mantenimiento de las aceras y la iluminación pública, tras ocho años pidiendo mejores infraestructuras de este tipo en la Avenida de México, donde el exceso de velocidad es otro problema histórico desde hace décadas, por lo que consideran necesario un mayor control, en las noches y especialmente los fines de semana.

La integración de los nuevos vecinos es una labor en la que la asociación trabaja con ansia, tanto los nacionales como los extranjeros, preocupando a la vez «el envejecimiento de los vecinos de toda la vida, además de los edificios, algunos de ellos con problemas o deficiencias estructurales que llevan a apuntalarlos en algunos casos para evitar males mayores.

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Depísito de los vehículos de Emaya, en el Nou Llevant. Foto: F.F.

La parroquia de San Juan de Ávila o sus fiestas de barrio en verano son otras señas de identidad de una zona en la que las infraestructuras deportivas ganan terreno y las educativas son más que suficientes, con colegios como Camilo José Cela o Joan Miró, además de institutos como Antoni Maura o Francesc de Borja Moll, cuna de formación de muchas generaciones de jóvenes que hoy ya no viven allí, aunque sus padres resisten por mantener vivo el espíritu de aquel polígono con actividad industrial dispersa y hoy convertido en zona residencial.