Los manifestantes fueron interceptados al llegar al escenario y sacados de la Sala Gran por miembros de seguridad. Ya en la calle, la policía les llevó a los furgones para requerirles la documentación | Joan Torres

La polémica suscitada por la política lingüística del Partido Popular subió al escenario y atravesó la platea del Teatre Principal en la gala de los Premis Ciutat de Palma, presidida por el president José Ramón Bauzá, la presidenta Maria Salom y el alcalde Mateo Isern. Lo hizo en los discursos de los galardonados en las modalidades literarias en catalán; también en el parlamento de los políticos, muy a la defensiva, y con la irrupción de dos jóvenes en la sala, que en su intento de sacar una pancarta y hacer oír su mensaje de ‘A Mallorca, en català!', fueron ‘placados' al estilo más peliculero por media docena de empleados de seguridad.

El aspecto de los alrededores del Principal, blindado de policías, alertaba de que allí podía pasar algo; aunque la queja por la inclusión de los Ciutat de Palma en castellano se celebraba tranquilamente en Can Alcover.

El primero en citar el tema de la discordia fue el regidor de Cultura, Fernando Gilet. Habló de lengua, de política, usó el bilingüismo y dio cuenta de esa promesa electoral «de impregnar este certamen de la normalidad que se vive en las calles» y «sin discriminaciones e imposiciones algunas» en sus convocatorias. Del mismo estilo fue la intervención de Mateo Isern, que habló de «excelencia cultural», de unos premios «adaptados al perfil más completo y universal de la ciudad» y de actuaciones «dirigidas a todos los ciudadanos sin exclusión de pensamiento, lengua, origen o nivel cultural». Unas palabras que despertaron grandes aplausos y que fueron seguidas por la entrada, con invitación, de Mateu Corbera y Yanire Llabrès. Corbera, investigador, fue ganador en la pasada edición de la beca de Cultura Popular y es un «joven de Mallorca que quiere mostrar su disconformidad con la política lingüística del PP». «Quería mostrar una pancarta de forma pacífica. Ellos no han sido pacíficos, que nos han hecho ese placaje». La reacción del público fue inmediata. «¿Y ellos son los tolerantes?», gritaban. Tras la intercepción, los manifestantes fueron expulsados, la policía les requirió la documentación y les dejaron marchar.

Minutos antes, el escritor Jordi Julià, ganador del Joan Alcover, hacía la primera queja, apelando a las «responsabilidad de todos para crear una lengua de prestigio, uso y calidad», «si no corremos el peligro de peder nuestra identidad». Lo menos esperado, la reacción del menorquín Josep Maria Quintana, premio de novela en catalán. El escritor dijo que «es un honor recibir este premio de prestigio», pero por su preocupación «por la dinámica de la política lingüística de nuestra comunidad, que se olvida la narturaleza jurídica del catalán como lengua propia» donará la cuantía del premio a «la Obra Cultural de Menorca y Acció Cultural».

La gala fue tensa, muy política, así que un poco de música clásica con la Simfònica vino bien para relajar los ánimos. ¿Hasta cuándo?