El delantero del Real Mallorca, Cyle Larin, celebra el gol de la victoria ante el Tenerife junto a Gio González, que le dio la asistencia del 0-1 que le dio la clasificación a los bermellones en el partido de los octavos de final de la Copa del Rey disputado este martes en Santa Cruz de Tenerife. | Carlos Gil-Roig

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El Real Mallorca ha tomado aire gracias a una sociedad recién constituida. En solo cuatro días, dos goles de Cyle Larin, ambos a pase de Gio González, han permitido al equipo de Javier Aguirre cumplir con sus obligaciones. La primera, mantener a raya a un rival directo en la puja por la permanencia. Y la segunda, asegurar un asiento en los cuartos de final de la Copa del Rey. Un ronda avanzada en la que el club balear se adentrará, a partir de la semana que viene, por decimoquinta vez en su historia.

Poco a poco, Larin va vaciando esa mochila con la que cargaba desde el pasado verano, tras llegar como una estrella y ser señalado como uno de los fichajes más caros que había firmado nunca el Mallorca. Fuera de forma y de sitio al principio, el canadiense ha ido entrando a la fuerza en el molde del equipo tras la lesión de Muriqi y justo a la entrada de la segunda vuelta empieza a tener el gatillo engrasado. Entre la Liga y la Copa ya suma cinco goles y sus aciertos resultan cada vez más valiosos.

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Los dos tantos que ha acuñado en el campeonato regular, frente a Sevilla y Celta, han servido para cosechar cuatro puntos y el del martes, en Tenerife, para desatascar una eliminatoria que corría serio peligro y meter a los bermellones entre los ocho mejores del torneo del KO dos años después. Una tarea en la que le ha echado un cable Gio, convertido ya en su mejor socio sobre el terreno de juego y al que buscó con insistencia tras la victoria para agradecerle la buena sintonía.

Gio escribe estos meses sus mejores páginas como futbolista del Mallorca y le ha dado a Larin los dos últimos goles. La navaja suiza que utiliza Aguirre para tener equilibrada la defensa, que había asistido al canadiense en el estreno del nuevo Son Moix, reforzó la conexión en el Heliodoro con un sutil cabezazo que el exjugador del Valladolid convirtió en oro justo a tiempo. De paso, el internacional uruguayo se reafirmaba como uno de los tipos más en forma del vestuario y como uno de sus hombres de confianza. Porque excluyendo a Rajkovic, solo Dani Rodríguez y Samú Costa han pasado más tiempo que él sobre el tapete.