Daniel Muñoz, ‘La Feria’ y un cochinillo asado

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«En frente, como quien sale por la plaza de la Independencia (Montevideo), desde Rosselló hasta la zapatería Franco-Española, la escena es menos poética (que los puestos de las floristas), pero en cambio más suculenta: jamones, chorizos, morcillas, madejas enteras de salchicha y toda suerte de embutidos de cerdo, despidiendo cierto tufillo que despierta en el estómago apetitos porfiados, de esos que no se acallan hasta que se ha satisfecho su deseo. Y al lado de los salchichones, quesos de chancho, compuestos con los menudos de la cabeza, variado mosaico de trozos suculentos, envueltos en una capa de tocino, blanco como merengue; grandes ruedas de mortadela incrustadas con pedazos de carne roja entre la mullida blancura de la grasa; y presidiendo toda aquella variada exposición de manjares condimentados con los restos de sus mayores, se ve un lechón entero, afeitado desde el hocico hasta el rabo, reemplazadas las entrañas con yerbas aromáticas y especias perfumadas que dan a la carne un sabor delicado…».

Este texto, de la narración La Feria, de Daniel Muñoz (Montevideo, 1849-Buenos Aires-¿?), escritor y diplomático, observador fino e irónico, que tenía un estilo claro y juguetón, lleno de humor, alejado en sus últimos años de Uruguay, nos muestra su ameno costumbrismo. Su obra literaria, si bien es de gran calidad, se reduce a tres libros: Cristina, novela aparecida en 1885, en la que aborda un problema de superstición religiosa, y dos volúmenes, Colección de artículos (1884) y Artículos de Sansón Carrasco (1893).

Evoquémosle con la receta rioplatense (nada menos que para 10 comensales) que nos acerca a su curiosa descripción: Lavamos un cochinillo con agua fría y lo secamos. Mezclamos cuatro cucharadas de sal gruesa y cuatro cucharaditas de pimienta y espolvoreamos el cochinillo por dentro y por fuera con esta mezcla. Lo colocamos sobre el asador del horno y lo partimos por la mitad. Formamos una bola de papel de aluminio y la introducimos en la boca del cochinillo y envolvemos las orejas del cochinillo con el mismo material para que no se quemen. Luego lo untamos con aceite y lo introducimos en el horno puesto a fuego lento. Allí deberá permanecer unas dos horas y media. Previamente le habremos quitado el papel de aluminio. Y lo serviremos con guarnición de rábano picante rallado, lechuga y patatas hervidas.