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Mr. Xiao es un relativamente reciente restaurante chino que ha abierto en Santa Catalina el grupo Banana Clip, fundado hace un lustro por un joven emprendedor francés que empezó su andadura con Rikito, italiano, después con Café Poupette, una especie de bistro parisino en el parque de Sa Faixina, y el último, este chino contemporáneo –como se define– que por ubicación, ambiente y, obviamente, por su comida, ha tenido una buena acogida de público. Pero, en mi caso, el deseo de conocer este restaurante ha venido por un motivo tangencial pero interesante. Mr Xiao y el resto de los locales de este grupo tienen al frente de su área de repostería al ganador del premio al Best Dessert 2022 que otorga la escuela catalana EspaiSucre, que galardonó también a Oriol Balaguer, durante muchos años jefe de repostería de El Bulli, con el premio Pierre Cagnaire (el primero que recibió el galardón).

Cuando menos, era sorprendente e interesante que se concediera el premio al mejor postre al repostero de un restaurante chino de Palma prácticamente desconocido, y ha sido motivo suficiente para visitar el lugar donde ofrece su creatividad. La primera sorpresa que me llevé fue que Omar Quiliano, que así se llama el personaje, no está físicamente en el restaurante sino en lo que denominan el laboratorio central, un espacio próximo donde prepara los postres para Mr. Xiao y para los demás establecimientos del grupo, en una interesante centralización de su producción repostera.

El concepto de Mr. Xiao es ofrecer una carta relativamente reducida y manejable de entrantes, platos para compartir, y postres, y el toque diferencial de unos apetecibles cócteles sin alcohol que prepara su barman. No se han complicado con una oferta larga y heterogénea, como suelen hacer la mayoría de los restaurantes chinos tradicionales. Aquí juegan con una carta estrecha, relativamente modernizada y adaptada en algunos platos, como el tataki de cebón gallego con salsa cítrica de pimienta negra y kumquat confitado, el calamar al wok o solomillo de wagyu con una salsa secreta.

Los dim sum –las empanadillas chinas– que tomamos resultaron tiernas y sabrosas, en particular el Siu Mai –mar y montaña–, relleno de carne de cerdo y gambas con unos granos de trufa negra, intensos de sabor en boca, con una agradable salsa cítrica de soja (14€). Sensación similar a la que nos dejó el wonton frito relleno de carrillera de ternera guisada en curry japonés sobre una sabrosa salsa de hummus (13€). Como plato de mayor consistencia, compartimos unas costillas cortas (22€), bien maceradas para que la carne se desprenda del hueso, y glaseadas con una salsa de soja y ajo, que acompañamos con unos noodles salteados de huevo y verdura. Buenas, aunque algo secas.

Y llegamos a los postres, con ganas de probar alguna creación de su premiado repostero. Optamos por el que parece haberse erigido en referencia. Un lemon crush, falso limón con perfecta forma de cítrico, con la misma porosidad que uno natural, que generó al comerlo una intensa frescura ligeramente ácida que impregnaba el chocolate blanco y el ganache de yuzu del relleno interior. (7€). Una delicia que refleja bien el buen hacer del repostero, que obtuvo su galardón precisamente con un postre cítrico. Dejamos para una próxima ocasión otro de los apetecibles finales dulces, un Miso choco, esfera de chocolate y maracuyá con salsa toffee de soja y helado de miso, así como la Crème brulée de naranja con sorbete de boniato. Sólo por los postres, merece repetir visita.

Tomamos cerveza Rosa Blanca, que sirven de barril, y un Arienzo de Marqués de Riscal, el más barato de la carta (29€), también corta, en la que aparecen Capellanes, Roda y Alión a precios habituales, así como algunos franceses aceptables. Servicio atento sin agobiar, y local simpático, con un acogedor patio interior y una agradable terraza en la propia calle Fábrica. Buen descubrimiento.