Daniel Mestre y Pilar Tasias, al frente de la pastelería mallorquina en la actualidad. | Carme Escales

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Robiols, cremadillos, cocarrois, panades, coca de trempó y ensaimadas con auténtico saïm mallorquín. Hay un lugar en Barcelona donde se elaboran de modo artesanal y fiel a su origen. Cada especialidad tiene día y hora para entrar a convertirse en sabrosa delicia en el horno de la Pastisseria Mallorquina Formentor, en el barrio de Gràcia.

En septiembre de 1952, Antoni Andreu levantó la persiana por primera vez allí (Camèlies, 19-21). Era un joven de Felanitx que había llegado a Barcelona años antes para abrir junto al Liceu un obrador de pan y ensaimadas que distribuía por la ciudad. Pero las dificultades para remontar el negocio tras la guerra le llevaron a traspasarlo y abrir la pastelería en Gràcia, que el próximo año cumplirá 70 años.

La historia de sus deliciosas elaboraciones es la de una familia nacida para mantener vivo el sabor de la tierra mallorquina.

Relevo generacional

Andreu se casó con una barcelonesa, Pilar Rosell, y tuvieron a Carme, que se enamoró del aprendiz de pastelero Jaume Tasias, con el que se casó y llevó la pastelería. Pasaron el relevo a una de sus hijas, Pilar Tasias, que también se casó con un pastelero, Daniel Mestres, compañero de colegio que empezó de muy joven a trabajar en este negocio familiar. Hoy es el hijo mayor de ambos, Pol, de 28 años, quien se postula como nuevo relevo.

Cuatro generaciones al frente de un comercio célebre en el barrio y en cada hogar de espíritu mallorquín que lo ha descubierto. «La pasada Semana Santa, los encargos de robiols y panades superaron los de otros años», explican. Cuando la tierra no puede pisarse, saborear sus manjares es otra manera de sentirse allí.

Y en la pastelería Formentor hay siempre un manjar esperando para viajar a Mallorca con el paladar. De martes a viernes hornean algo diferente y el miércoles hacen, además, pan mallorquín por encargo. El trabajo en el obrador gira en torno a las ensaimadas, con masa fermentada 24 horas y hasta 19 variedades. Galletas de Muro y licores mallorquines asoman también en este entrañable comercio que solo cierra los lunes.