Tin Bordoy con las voluntarias del restaurante. | E.M.

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Con mucho susto y cruzando los dedos se inició el Mercadet de 2021 dedicado al recientemente fallecido Toni Garau, primer presidente de Es Refugi. Miedo porque tras más de un año de medidas sanitarias cambiantes, la convocatoria ¡30 años ya! resultaba una aventura: ¿podremos abrir?, ¿vendrá la gente?, ¿comprarán? Me contaban Tin Bordoy y Marieta Salas. Afortunadamente, el público no falló y se puede decir que gracias a los fieles asistentes y seguro que también muchos noveles –todos bien protegidos contra la COVID–, el Mercadet igualó las cifras de anteriores ediciones, tanto en cuanto a público y ventas aunque no en ganas e ilusión, que estas van en aumento año tras año.

Los muebles y las antigüedades –estas un año más viejas– volaban y hubo que reponer todo tipo de objetos; los sorteos diarios agotaron las existencias; la ropa, los complementos, los juguetes y los libros vieron que siguen teniendo cabida en la carpa del Refugi. Y, cómo no, el restaurante del Mercadet, cada vez más afianzado, volvió a ser punto de encuentro y nos permitió degustar los platos cocinados por el voluntariado, demostrando una vez más que las estrellas Michelin no solo se encuentran en los restaurantes de postín, sino en también en los fogones de nuestras casas.

En definitiva, un año más de Mercadet y un año más con el objetivo de siempre: ofrecer un hogar a quien lo necesita. Seguir soñando con un mundo mejor es posible.