Jorge Espino junto a su mujer, Mónica González, y su hijo Álex, de siete meses, en el salón de su piso en Pere Garau. | Alejandro Sepúlveda -

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Lo último que recuerda Jorge Espino del día del accidente es que estaba circulando a bordo de su moto Kawasaki 600 ER-6 cuando un coche lo arrolló a la altura del antiguo cine Chaplin. «Me golpeó el manillar, me subí a la acera y con la mala fortuna que impacté con la cabeza contra un árbol... y luego ya no me acuerdo de nada».

Fundido a negro. Como si fuera una película de terror con el conductor de un coche, un motorista y un árbol como protagonistas. La Policía Local de Palma llamó a su mujer, Mónica González, que todavía estaba en el hospital porque hacía 15 días que había sido madre, y le informó que su marido acababa de sufrir un accidente. Los agentes le pidieron que no apagara el móvil en 48 horas porque había posibilidades de que falleciera. «Yo pensaba que se iba a morir», dice la mujer, que había sido sometida a una cesárea de urgencia y aún llevaba las grapas puestas.

Jorge, militar canario de 42 años, se despertó en Son Espases después de cinco días en coma inducido. «Tenía dos costillas rotas, el pulmón perforado, arteria subclavia, el plexo braquial afectado, dos vértebras de la espalda aplastadas y síndrome de Horner, que es la caída del párpado de un ojo». El hombre estuvo nueve días en la Unidad de Cuidados Intensivos.

El día del accidente fue un 18 de julio de 2023 a mediodía. Jorge acababa de salir de trabajar y se dirigía a recoger a su hija, que estaba jugando a pádel. «Cuando me desperté recuerdo ver a mi mujer en el hospital porque había nacido mi hijo 15 días antes. No recuerdo nada más».

Su hijo tiene siete meses y Jorge aún no sabe lo que es cogerlo o cambiarle el pañal. Su brazo derecho está inmóvil desde que el coche, que circulaba por el carril izquierdo de la calle Cardenal Despuig, realizó un giro a la derecha -sin poner el intermitente- para acceder a la calle Bartomeu Torres y arrolló al motorista, que iba correctamente por la derecha.

-¿Y con el brazo qué hago?- preguntó Jorge a los médicos.

-La mejor opción es amputarlo- le contestaron.

Un traumatólogo de Son Espases le comentó que el brazo se podía salvar, pero que tendría que ser operado en Barcelona porque hay muy pocos médicos en España que realicen ese tipo de intervención. «Cuando intentamos tramitarlo le dijeron que no le podían operar porque era del Istituto Social de las Fuerzas Armadas (Isfas), la Seguridad Social no se quiso hacer cargo», cuenta Mónica.

Jorge tuvo que hacer frente a los gastos de las operaciones: 11.900 euros. «Los militares pertenecemos a la Mutualidad General de Funcionarios Civiles del Estado (Muface) o al Instituto Social de las Fuerzas Armadas (Isfas), que son médicos privados. Cuando tú tienes un accidente y vas a la Seguridad Social luego el parte económico se lo pasan a Muface», explica la víctima del accidente, que acude a rehabilitación tres días a la semana y paga cerca de 1.000 euros al mes.

«Un médico nos explicó que tiene un equipo que viene de Barcelona para realizar la operación del plexo braquial y que Mapfre ponía una cantidad de 2.179 euros para cubrir la intervención, la medicación, el alquiler del quirófano y los días de ingreso. Era inviable, el médico no iba a poner dinero por operarme. Nosotros le pedimos que hiciese una factura y la pagamos nosotros». Jorge reclama ahora a la compañía aseguradora del conductor que lo arrolló que abone los gastos que asumió tras la intervención y los de la rehabilitación para intentar recuperar la movilidad del brazo derecho.