El acusado, a la izquierda, durante el juicio celebrado en Vía Alemania. | Guillermo Esteban

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Un hombre ha sido condenado a cuatro años y cuatro meses de cárcel por robar 19.000 euros a su exsuegro a punta de cuchillo en un domicilio de es Rafal, en Palma. El atracador deberá devolver el dinero que sustrajo en la casa de la víctima. El fiscal exculpó del violento robo al final del juicio a Fredy Escobar, uno de los asaltantes del anciano de Porreres, Pau Rigo, que fue defendido por el abogado Toni Vicens.

La sentencia recoge que el acusado, acompañado por dos individuos que no han sido identificados, se dirigió a la vivienda de la víctima sobre las 20.00 horas del 11 de diciembre de 2022. Iba vestido totalmente de oscuro y con el rostro cubierto por un pasamontañas. El hombre llamó al timbre y abrió la pareja del propietario de la casa.

Los delincuentes se abalanzaron sobre ella y la empujaron contra la pared para llevarla con un punzón hasta el cuarto de baño. A continuación rebuscaron en los bolsillos de las chaquetas de los armarios, donde la víctima solía guardar el dinero, pero como no encontraron nada se dirigieron a la habitación del hombre, que es parapléjico y estaba postrado en la cama.

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El procesado golpeó a su exsuegro con el mango del cuchillo en la cabeza y le preguntó por el dinero. El perjudicado le indicó dónde se encontraba y el ladrón se llevó un total de 19.000 euros.

El acusado se acogió a su derecho de no declarar en el juicio. El abogado de la defensa alegó que la Policía Nacional debería haber realizado una rueda de reconocimiento de voz verificada por las víctimas. La jueza, sin embargo, considera que «solo es pertinente y útil cuando existen dudas sobre la identificación del delincuente». El hombre y su pareja explicaron en el juicio que le reconocieron por su voz y que no tenían dudas de que era él.

El asaltante amenazó a la víctima diciéndole: «Si no nos das dinero vas a morir, como siempre has querido». La sentencia sostiene que este dato «no debe ser conocido por tantas personas, el de que la víctima solía manifestar sus deseos de morir atendiendo a su estado físico».

La jueza apunta que las tres personas que accedieron al domicilio sabían el lugar en el que el hombre guardaba grandes cantidades de dinero y las ganas de morir del denunciante y que los perjudicados reconocieron sin lugar a dudas a uno de ellos. «En definitiva, existen dos testigos presenciales de los hechos, las dos víctimas, que identifican por voz, gestos, constitución, complexión, altura, modo de andar, de moverse, etcétera», concluye la magistrada.