Imagen de una vivienda afectada por la lava. | BORJA SUAREZ

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La lava que mana del volcán que entró en erupción el pasado domingo en La Palma sigue su curso hacia la costa, más lento de lo previsto, a unos 120 metros por hora aproximadamente, pero arrasando todo lo que se encuentra a su paso, incluidas casi 200 casas, según el recuento del sistema Copernicus.

En concreto, este programa europeo de seguimiento de emergencias desde el espacio cifra en 180 las viviendas afectadas, pero serán muchas más tras haberse adentrado la colada en Todoque, una localidad de unos 1.200 habitantes en el municipio de Los Llanos, donde aún este martes muchos vecinos apuraban para poner a salvo enseres y efectos personales antes de que los desalojaran.

Es el último obstáculo, en lo que a núcleo urbano se refiere, en la trayectoria del magma hacia el mar.

Con la cifra de vecinos evacuados de sus casas superando ya las 6.000 personas, nadie se atreve a decir cuándo romperán las coladas del volcán sobre el mar.

Pero los expertos y los responsables públicos coinciden en que acabará sucediendo y, por eso, se han extremado las precauciones, porque lo previsible es que, cuando la lava a 1.000 grados de temperatura entre en contacto con el agua salada, libere gases tóxicos y se produzcan explosiones.

El presidente de Canarias, Ángel Víctor Torres, ha remarcado que ese momento será «crítico», y ha recordado el precedente de la erupción del Teneguía, en 1971, cuando una persona murió por la inhalación de los gases despedidos del choque de la lava y el mar.

Torres ha hecho esta advertencia acompañado del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, quien se ha sumado a la llamada de prudencia y ha avanzado la próxima declaración de La Palma como zona de emergencia, horas antes de viajar a Nueva York para participar en la Asamblea General de Naciones Unidas.

Su idea es regresar a La Palma en menos de 48 horas, el jueves, para acompañar al rey Felipe a la isla.

El director técnico del Plan de Emergencias Volcánicas de Canarias (Pevolca), Miguel Ángel Morcuende, ha detallado que la lava discurre por dos lenguas, una de las cuales, la situada al suroeste, en Las Manchas, tiene «un movimiento mínimo», apenas unos dos metros por hora, y en el comité científico «dudan» de que se vaya a reactivar.

La otra es la que avanza ladera abajo y que ya ha entrado en Todoque, alimentada, además, por la nueva boca que se abrió en la noche de este lunes (la novena) y obligó al desalojo de los vecinos de Tacande, en El Paso.

Morcuende ha explicado que el magma que sale de esta nueva boca es más fluido y encuentra «menos dificultades para moverse» porque lo hace sobre la colada proveniente del cono principal.

El director técnico del Pevolca ha concretado que la deformación acumulada de la superficie próxima a la zona de la erupción asciende a los 25 centímetros, un «dato muy importante para demostrar la tensión» en la cámara interior del volcán y que «nos dice que va a seguir habiendo erupción», ha subrayado. «Mientras haya deformación, estamos con un problema claro. Este es el dato fundamental», ha aseverado.

Las proyecciones que maneja la organización COAG Canarias indican que la superficie agraria útil que se verá arrasada por la lava rondará las 400 hectáreas, de las que cerca de 300 pertenecen a plataneras.

Según los datos facilitados a Efe, la segunda superficie más afectada directamente por el magma será dedicada a viñedo, con cerca de 60 hectáreas, mientras que el área de aguacate arrasada será de unas 21 hectáreas.

También habrá terrenos pequeños afectados cultivados de barbecho, subtropicales, papa, papaya, pastos o cítricos.

La proyección estima además que la lava arrase, en su camino hacia el mar, unas 230 hectáreas de superficie agrícola no utilizada.

Después de la seguridad, la segunda preocupación de los palmeros es saber cuántas viviendas quedarán arrasadas. «La lava engulle las casas como si fueran de papel», ha señalado a Efe Beatriz, vecina de La Laguna, uno de los núcleos desalojados por la erupción volcánica.

Beatriz se fue de la casa horas antes de que comenzara la erupción y lo hizo con una persona de 91 años, con medicación y problemas de movilidad, y la incertidumbre de no saber si su casa se salvará.

Tiene vecinos que han perdido su vivienda y otros que están a punto de hacerlo. El núcleo de La Laguna en principio está a salvo porque la lava ha tomado el camino de Todoque, el pueblo vecino.

Un equipo de psicólogos especializados en emergencias y catástrofes se afana en ayudar a encauzar la ansiedad, la incertidumbre y la rabia de los damnificados.

La coordinadora del operativo, Cristina García, ha explicado a Efe que lidian con ataques de pánico, estados de conmoción, gente que «no se lo termina de creer», quienes por la ansiedad comen mucho y otros no prueban bocado o unos que duermen demasiado para hacer pasar el tiempo y otros presa del insomnio.

Pero no tiene duda de que la incertidumbre es «el peor de los estados» en los que puede estar una persona. Y esa incertidumbre es la que viven quienes han sido desalojados de los núcleos de población que más riesgo corrían y no saben, a ciencia cierta, si su casa sigue en pie o si quedó sepultada bajo la lava.