El pasado miércoles la Guardia Civil irrumpió con agentes armados en el Euro Working de la calle Simó Ballester, en Palma. | ALEX SEPULVEDA

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La macroestafa internacional de más de 50 millones de euros tenía en Mallorca un curioso testaferro: un ciudadano extranjero, enfermo, que no sabía qué firmaba y al que pagaban 1.000 euros al mes para que apareciera como CEO de la compañía de inversiones financieras.

El individuo ha sido imputado en la investigación, pero los agentes tienen la certeza de que no sabía prácticamente nada de la trama y fue usado como «hombre de paja». De hecho, en el registro de su casa de las inmediaciones de Gomila, la Guardia Civil solo encontró el miércoles 200 euros en efectivo y comprobó que tenía el pasaporte caducado desde hacía tres años, no usaba correos electrónicos y tampoco poseía tarjetas bancarias. Algo muy extraño para un presunto director general de una supuesta gran compañía de inversiones.

El extranjero, que es alcohólico, compró una casa en la Isla y fue entonces cuando contactó con los cabecillas de la trama, a los que entregó un poder notarial para que operaran en su nombre. Muchas empresas fueron abiertas y cerradas en Irlanda, con su identidad, pero el acusado desconocía estos detalles.

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Curiosamente, un hombre de negocios de su nivel debía viajar cada semana, pero parece ser que en siete años no ha salido de Mallorca. La policía alemana rastrea la estrecha relación entre este imputado y el ex policía nacional y abogado (que tiene una academia de formación) también investigado en la trama.

La macroestafa usó a un enfermo que no sabía qué firmaba como testaferro en Palma
La información está siendo analizada.

En febrero de 2020 Alemania ya pidió la extradición del testaferro y hace un año agentes de Europol, acompañados de guardias civiles, lo visitaron en su casa de Gomila y comprobaron que su foto de las webs de inversiones estaba manipulada.

Investigan a dos ingleses de Portals

La sombra de la trama de corrupción en Mallorca es alargada, y los agentes investigan a dos ingleses que regentaban un negocio en Portals destinado, casi exclusivamente, a lavar grandes cantidades de dinero. Como detalle, se ha descubierto que compraban mesas por 300 euros cada unidad, pero en realidad se trataban de muebles de plástico, con un valor muy inferior.

Otros precios del negocio eran igualmente hinchados, para blanquear todo el dinero que les llegaba de las estafas a los inversores, a los que prometían un 10% de rentabilidad por activos que no existían. La investigación se inició hace más de un año y el miércoles se desarrolló simultáneamente en Palma y Calvià, tal y como adelantó en primicia la web de Ultima Hora.