El caso de la muerte del repartidor Cédric Chouviat ha causado un gran revuelo en la sociedad gala. | Twitter

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Las autoridades de Francia con competencias en seguridad e Interior a nivel estatal tratan de gestionar la reacción en cadena suscitada por la muerte de Cédric Chouviat, un repartidor de 42 años que murió durante una intervención policial la pasada semana en París, y recientemente han puesto el foco en la tragedia que supone el fallecimiento, además de para la familia, para los agentes que intervinieron en su arresto, y cuya acción está siendo investigada.

La familia de Cédric Chouviat denunció los hechos nada más sucederse, y están convencidos de que los resultados de la autopsia avalan su tesis de que hubo brutalidad policial y mala praxis. Recordemos que estos primeros informes indican que a la víctima le rompieron la laringe durante la maniobra de reducción, y acabó muriendo por hipoxia (falta de oxígeno), que le condujo a una parada cardiorespiratoria y muerte cerebral.

Por su parte, el ministro del Interior del gobierno de Francia, Christophe Castaner, ya se ha referido en varias ocasiones a la cuestión, que la fiscalía de París investiga como un posible homicidio involuntario, enfatizando el respeto a la investigación, de la que desea que exista total transparencia.

También se ha pronunciado la defensa de los agentes implicados, tres hombres y una mujer, afirmando que la muerte de Cédric Chouviat es, «ante todo, una terrible tragedia para la familia», aunque también lo es para los funcionarios, «muy afectados» por el fallecimiento del detenido.

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Asimismo, el letrado responsable del caso hizo hincapié en el relato que mantienen los agentes, según el cual, «todo comienza en un semáforo, donde los policías ven a un individuo que pasa en una moto con un teléfono móvil en la mano». Uno de ellos le apercibe de su comportamiento, y el conductor le responde con un gesto despectivo.

Siempre según la versión de la policía parisina, se le da el alto y desde el principio Chouviat adopta una «actitud de provocación verbal y física», llegando a gritar «¡violencia policial!» en mitad de la calle. Se le controla la documentación y todo es relativamente normal por espacio de unos minutos, tras los cuales se le informa de que será multado por conducir utilizando el teléfono. Es después cuando, según los investigados, Cédric Chouviat vuelve al vehículo policial, los interpela y estos deciden arrestarlo, con el final que ya todos conocemos.

El abogado mantiene que los agentes eran menos fuertes físicamente que el fallecido, que se resistía fuertemente a ser reducido, destacando que en todo momento se intentó garantizar su seguridad y la de los propios policías. A partir de aquí será la investigación la que determine si la muerte de Cédric Chouviat se produjo como consecuencia de una mala praxis o en cambio fue un trágico infortunio.

Esta versión contrasta con la ofrecida por la entidad civil Ligue des droits de l'Homme (LDH), que ha denunciado el caso y que mantiene que el fallecido siempre se había mostrado diligente y colaborador con los agentes de la policía de París, con los que en ocasiones se relacionaba como consecuencia de su trabajo.