Ilustración de Zaca sobre 'Los whatsapps del escándalo'. | Zaca

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Esta es la segunda entrega de la serie Los whatsapps del escándalo, como continuación a la primera parte publicada este domingo. En ella se ve cómo los mensajes muestran el trato especial a determinados testigos y cómo se busca asegurar sus declaraciones pese a que generan dudas.

El testigo protegido 29 vuelve al juzgado a presentar otra denuncia. El juez Penalva estalla: «Le van a tomar por loco. En esta causa están todos taraos. Pero qué hartazgo. No hay un testigo como Dios manda». Las conversaciones entre el magistrado, el fiscal Miguel Ángel Subirán y los policías del Grupo de Blanqueo echaban humo tras el giro de una de las testigos estrella: ‘la madame’. A finales de 2017, el descubrimiento policial de que era una mentirosa en serie sembró dudas sobre el resto de testigos protegidos. Uno de los que ya tenía un papel relevante, el 29, excamarero de Tito’s, se convirtió en la joya de la corona. Uno de los policías expresó dudas: «Del 29 al 100 por 100 no me fío». El juez le responde: «Espero que no, porque si éste nos falla nos vamos a la mierda».

Rumanos

El testigo protegido número 29 apareció en la causa en marzo de 2017, poco después de la detención de Cursach. Los mensajes muestran que en esas fechas la prioridad para los investigadores era encontrar extrabajadores del grupo que declararan. El excamarero de Tito’s identifica a 17 policías locales que supuestamente iban a fiestas con drogas y sexo en la discoteca. A la vez comienza a denunciar que le persiguen rumanos: siempre relacionados con un antiguo compañero de piso, también de esa nacionalidad. Dos de ellos terminaron condenados en sendos juicios y un tercero, precisamente el más cercano a él, fue absuelto. Se intenta vincular esas denuncias con Cursach y uno de sus empleados: «El 29 viene para acá. Le han amenazado y seguido dos rumanos. Yo haría responsable al puto viejo vicioso», dice uno de los policías en referencia a Cursach. El juez responde: «Pero tiene que decir que sospechaba de él». Respuesta del policía: «Lo dirá». Un mes después, el testigo vuelve a ir al juzgado a declarar. Un agente señala: «De camino con él. Le instruiré según lo hablado con Subirán». El empleado de Cursach fue detenido, tuvo una orden de alejamiento pero luego no fue acusado.

Más denuncias

En julio, el 29 denuncia que le pegaron en un aparcamiento. Señala a dos rumanos, a los que ha visto en Facebook. El fiscal indica a los agentes: «Le dijo que era por Marian (un rumano que ya estaba preso). Muy importante que conste. Y hacéis constar que si no lo dijo ni en la denuncia ni en el juzgado fue por miedo a las represalias». El juez ve un problema: «Pensad que nos queda muy coja la vinculación con Cursach, ahora bien, si ha sido él, pues mala pata y nos lo cargamos». A lo largo de todo ese 2017, el 29 monopoliza investigaciones, testimonios e insultos a los abogados que defienden a los rumanos. En uno de los últimos mensajes, el juez señala: «Hay que cuidarlo y que salgan bien los juicios de los rumanos porque de lo contrario dirán que mentimos y yo me creo lo que dice».

Dudas con otros testigos

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La colaboración de un grupo muy reducido de testigos fue el motor de la investigación, en especial un empresario de Calvià y otro de Palma. El primero alertó de la falta de licencia de BCM tras hablar con un funcionario. El grupo actúa y se va al Ajuntament. También es constante la aportación de nuevos testigos por parte de este grupo reducido. Se les cita, en ocasiones, directamente en el juzgado.

La agenda de la ‘madame’

La agenda de la ’madame’ que recogía supuestamente las citas del burdel que gestionaba y delataba a Rodríguez y Gijón finalmente también quedó en duda: «No pensaba que la agenda cantara tanto», reconoce un policías. «No pueden pasar siete meses de una anotación a otra», comprueba. También el grupo reacciona cuando se constata que la otra persona que escribía esas notas llevaba muerta años: «La testigo está un poco abatida por meter la pata. Le he dicho que venga otro día a hacer la declaración y arreglado. Pondremos remedio y punto», dice el juez.

El trilero

La declaración más polémica de la causa es la del trilero, que fue denunciada ante el TSJB. Un informe policial ya incorporado analiza los mensajes que se enviaron, en los que el fiscal Subirán decía «estáis chivándole las respuestas». Los abogados se plantaron y se marcharon de esa declaración. Antes hubo otros mensajes: «Chicos, que repasen las declaraciones. Fundamental». Sobre el plante, el juez sostiene: «Da igual, la declaración vale sí o sí». Sin embargo, un policía no las tiene todas consigo: «Como testigo no vale nada».

El escrito de 700 páginas

El que queda fuera de las conversaciones es el inspector de Blanqueo, muy criticado en las conversaciones. Se le sitúa aislado, dedicado a hacer informes que no son los que quieren juez y fiscal. Sobre uno que presentó, de 700 páginas, pregunta, a través de otro agente, si se ha hecho una pieza separada. Se le contesta que de momento no, pero que se usará para otras piezas.

Aquí puedes consultar la tercera entrega.