Operarios retiran género podrido de uno de los locales clausurados en Palma. | Alejandro Sepúlveda

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Había una caja B. Así lo reconoció el contable de la trama de la mafia laboral esta semana ante el juez de Instrucción número 1 de Palma. Además, este jueves también declaró una de las empleadas de la oficina que llevaba la contabilidad de las empresas. Explicó el funcionamiento interno y admitió las manipulaciones contables.

a mujer constató la existencia de una caja B y relató cómo se ajustaban los contratos para que figuraran las menos horas posibles de alta cuando los trabajadores realizaban jornadas maratonianas a cambio de salarios ínfimos.

Una trabajadora administrativa de la sociedad, testigo clave de la mafia laboral, confirmó a principios de marzo los contratos en B. En los interrogatorios también se ha indagado por cómo se manipulaban alimentos y qué productos se servían a los clientes por un posible delito contra la salud pública que se imputa a los investigados.

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A raíz de este suceso fueron precintados más de una treintena de bares y establecimientos del centro de Palma y Marratxí. El juez autorizó su reapertura recientemente bajo una administración judicial.