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«No os podéis imaginar lo duro que supone ver, a diario, a tu hija de tres años de edad llorar desconsoladamente hasta ponerse los labios morados en una sala de rehabilitación. Hacerte a la idea de que sufrirá secuelas de por vida y la impotencia de saber que toda esta pesadilla se podía haber evitado». Así de clara y, visiblemente afectada, se mostraba Magdalena, madre de la pequeña Nerea, una niña de tres años de edad que sufrió un lamentable accidente por una «negligencia manifiesta de control por parte de la concesionaria y el Ajuntament de Calvià», según exponen en la denuncia.
La pesadilla de Nerea comenzó el 19 de junio en la playa de Cala Falcó, en Calvià. La niña estaba junto a sus padres en la zona de sombrillas y hamacas de la arena haciendo castillos con su rastrillo de plástico. En un momento dado, «la niña comenzó a gritar y de su pequeña mano comenzó a emanar abundante sangre. Seis tendones seccionados con una botella rota de cristal que estaba enterrada en la arena. La niña estuvo siete horas en quirófano, 24 horas en la UCI y siete días en un hospital, además de los meses de rehabilitación. No hay derecho. Es evidente que el Ayuntamiento de Calvià, a través del Servicio de Gestión de Playas no ha vigilado que se cumpla la normativa vigente. No se pueden servir botellas de cristal ni vasos, pero allí todos se saltan a la torera la normativa», concluye. Los padres han presentado pruebas fotográficas demostrando que los kioscos de la zona sirven en jarras de cristal, vasos y botellas de vidrio.