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Este va a ser el año en el que la mayoría de periodistas deportivos y columnistas de lo general escribiremos seguramente nuestro último artículo sobre Rafa Nadal y pasaremos a otra cosa. A ver, si no, que nos creemos que es eso que llaman ley de vida. Yo mismo llevo ya no sé cuántos últimos artículos escritos hasta la fecha y mira si seré profesional que todavía es la hora de que se me salte una lágrima. He escrito, sin ir más lejos, sobre Bjorn Borg, Jimmy Connors e Ivan Lendl mientras todavía le daban a la raqueta, como lo he hecho también sobre Mike Tyson cuando ya no era campeón de los pesados y sobre Óscar de la Hoya, que lo fue de seis pesos, cuando todavía era un boxeador amateur. En la hemeroteca pueden dar con artículos míos sobre Perico Delgado y sobre Miguel Indurain escritos en presente de indicativo, y si no van a encontrar ni uno en pretérito indefinido, como tampoco sobre Valverde, Pereiro, Contador y todos los que vinieron después en ningún tiempo verbal, es solo porque hace mucho ya que dejé de creerme el ciclismo con efectos retroactivos. La carrera del periodista deportivo es normalmente más longeva que la de cualquier deportista que haya conseguido llegar a ser el mejor en lo suyo –la del columnista, ni te digo lo longeva que puede llegar a ser– y, aunque la tentación de mirar atrás es muy grande, el mejor artículo, como el mayor triunfo, es siempre el que está por escribirse.