TW
2

Cada vez hay más asesinos en la carretera. Las muertes de inocentes se suceden semana tras semana y a la mayoría de los culpables les sale muy barato matar. El último caso ha sido el de una madre y su hija en Llubí. Dos vidas truncadas por una conductora que había consumido estupefacientes, una familia rota por alguien que se puso al volante sabiendo que era un grave peligro para la seguridad vial. ¿Y ahora qué? Ahora será culpada de homicidio involuntario, como si no tuviera responsabilidad alguna por conducir en ese estado, unos años a prisión, y después a la calle, mientras sus víctimas reposan en el cementerio. Ya es hora de cambiar la ley, de agravar las penas y de que estos asesinatos no salgan prácticamente gratis. Todos somos conscientes de lo que supone llevar un coche bajo los efectos del alcohol o de las drogas, de la falta de reflejos, de la conducción temeraria y de la pérdida de contacto con la realidad. Por eso, ha llegado el momento de acabar con el «buenismo» de la sociedad y del «yo controlo», y que los culpables paguen.