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Qué bella es la primavera, ¿verdad? Las estaciones son como la vida misma y nos dan sus sabias enseñanzas. Después de un duro y frío invierno, llegó como siempre la primavera, con su suave brisa, con la sonrisa de los pájaros cantores, con su tiempo mejorado pero, en ocasiones, impredecible. Esta primavera es el preludio de un gran verano. Las temperaturas ya han subido lo suficiente, lo que hace suponer que tendremos un verano caluroso. Hay tantas cosas que me gustan de la primavera, tantos placeres en ella existen para colmar de gozo todos nuestros sentidos. Si hay algo que me encanta en esta estación es observar las aves del cielo. Me encantan las palomas. Las palomas salvajes y las que viven en palomares construidos por el hombre. Me gusta observar las diferencias de coloración si hay mestizaje de razas y los diferentes tipos de vuelo. Su arrullo. Su baile de cortejo.

También me gustan las tórtolas, observar cuando comen o hacen sus nidos en la copa de los árboles. Los gorriones. Tan comunes. Pero tan mágicos y bellos también. La primavera pasada logré salvar a un gorrión pequeñín que había caído del nido. Lo alimenté con una jeringa y le puse un nombre. Hace días que soñé que esta primavera también lograba salvar a otro gorrión caído del nido. Ya les contaré esa historia si realmente llega a pasar. De todas maneras, para mí, de todas las aves que vuelan por el cielo, la más especial es el vencejo. Son seres alados que no son de este mundo. Tan poco les gusta nuestro mundo que se pasan la vida volando. Tanto es así que tienen las patas atrofiadas y de poco les sirven. No pueden posarse con ellas. No pueden, por tanto, vivir enjauladas: son aves libres. ¡Qué fantástico sería, por lo menos por un día, ser vencejo!

Esta primavera promete. Las flores, belleza, olor y polen, están para que las disfrutemos. Los días de calor nos empujan a la playa, sobre todo los fines de semana. Hay quien ya se ha refrescado en el mar. Ya os digo que sí, en mi familia todos ya se han dado un chapuzón menos un servidor, que espera que las aguas todavía suban de temperatura. La naturaleza sigue su curso. Las estaciones se suceden una tras otra. Igual que las estaciones de la vida.