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Desde que se pusieran de moda los guateques en los años sesenta, varias generaciones de jóvenes hemos disfrutado de la fiesta que combina música, amigos y alcohol y la mayoría guardamos gratísimos recuerdos de aquellas celebraciones. Toda la vida ha habido incidentes aislados, desde pequeños hurtos a peleas, el típico borracho que se te echa encima o ataques de celos por parte de personas posesivas. Pero ahora parece que la cosa va a peor.

Tanto que da la sensación de que entrar en una discoteca puede considerarse deporte de riesgo y han tenido que crear el sello International Nightlife Sofety Checked que certifica que el local está preparado para proteger a sus clientes. ¿De qué o de quién? se preguntarán las personas normales. De los depredadores sexuales. Sí, como en la selva o en la sabana, en una discoteca los empleados –desde el camarero al DJ, el portero o la encargada del guardarropa– deberán hacer cursillos que les conviertan en detectores de fieras y en guardaespaldas para salvar a las posibles víctimas. A eso hemos llegado, por lo visto.

Una de las primeras medidas que están adoptando los locales es cubrir con una tapa el vaso de la bebida, para evitar que el depredador vierta en él drogas capaces de adormecer las voluntades. Violaciones atroces se han cometido con este método. Otra es establecer una contraseña en clave que cualquier cliente podrá pronunciar para pedir socorro sin que el agresor se dé cuenta.
Hace mucho que no piso una discoteca, pero, la verdad, si las cosas están así, mejor quedarse en casa, tranquilitos, u organizar un guateque con gente de confianza. Como en los sesenta.