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Durante la época de la Dictadura, en las aulas del nacional-catolicismo, se nos enseñaba que una cosa era la libertad y otra muy distinta, que debía ser perseguida y extirpada, el libertinaje. El significado de éste es, según el diccionario de aquel tiempo, el desenfreno en las obras y en las palabras, y por extensión, la falta de respeto a la religión. Pero en general era cualquier cosa que atacase el corsé político de un totalitarismo basado en lo que llamaban los valores tradicionales. A tanto llegó el acatamiento al sistema que en el catecismo, al hablarse de los diez mandamientos, y recordarnos el que dice «amarás a tus padres» se incluía una coletilla que ampliaba este deber de buen católico y ciudadano al maestro de la escuela y al gobernante de turno y por supuesto al Dictador. Recuerdo que cuando acabado el Bachillerato quise estudiar Magisterio se me exigió, para poder hacer la matrícula, obtener un certificado de buena conducta del cura de mi distrito y otro de adhesión al Movimiento Nacional firmado por la Guardia Civil. Al morir Franco y al empezar las gestiones de la transición a la democracia y al constitucionalismo liberal, un pariente mío, de los que creyeron en los luceros y la camisa azul, siendo ya sexagenario, se llevó las manos a la cabeza y dijo: ¡Vamos a caer de cabeza en el libertinaje! Fue inútil que le hablase de los gobiernos europeos con sus respectivas cartas magnas, del rescate de las instituciones democráticas y de una mano abierta a todos aquellos que dentro o fuera de España, siendo españoles, tenían ideas distintas a lo que nos habían predicado cerca de cuatro décadas. En el título II de la Constitución Europea se establece la norma sobre los derechos fundamentales y la ciudadanía de la Unión. «La Unión se fundamenta en los valores de la dignidad humana, democracia, igualdad, Estado de derecho y respeto a los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres.» ¿Todo esto se cumple de pe a pa? No me hagan reír. Cojan el último periódico, busquen las noticias políticas y sociales y subrayen cualquier conato de desconexión con la norma transcrita. Acabarán la tinta del bolígrafo.