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Mi impresión es que cuando lo que se nos viene encima es bastante incómodo, agobiante incluso, como esta semana navideña y pandémica que acabamos de empezar, es preferible no apresurarse nada, no tener ninguna prisa, hacer acopio de calma y paciencia. Lo que sea sonará, no hay porqué correr hacia la boca del lobo. Días llevamos de polémicas sobre las cenas multitudinarias, incluso en el interior de formaciones políticas ya muy conflictivas de por sí, como el PP, que en los breves descansos de su combate a mil doscientos asaltos contra el Gobierno, entra en conflicto consigo mismo. Por lo de las cenas multitudinarias madrileñas, o para mantenerse en forma. Para ir entrando en calor navideño. Menos cenas y más derrocar al Gobierno que veta el español en Catalunya, dicen unos; libertad multitudinaria, dice otra.

Cenas sí, pero escuálidas y a distancia, matizan los sensatos. A qué llamamos multitud, precisan los cuantitativos, que siempre exigen cifras, horarios, longitudes. Siguiendo la recomendación de las primeras líneas, la verdad es que no he prestado atención a estas polémicas, ni a los reglamentos para esta semana. Procuro no pensar en ello, porque si uno piensa en lo que se le viene encima, se jode dos veces. O más, dado que es inevitable, y te pongas como te pongas, en tres días será Nochebuena, y luego Navidad. Y así sucesivamente, hasta el año que viene. Así pues, mucha tranquilidad; incluso displicencia el que pueda. Pensar en otra cosa.

Por ejemplo. ¿Pueden los amantes clandestinos no convivientes eludir sus obligaciones familiares y coincidir en una cena más o menos multitudinaria? ¿Y pueden hacerlo subrepticiamente luego de cenar a varios metros de distancia, con la tensión que eso les genera? Igual la normativa no lo especifica. ¿Y si en esa cena, acaso multitudinaria, dos desconocidos ligan a distancia, y se enrollan con la mirada por el poderoso influjo de las mascarillas? ¿Pueden escabullirse luego y darse un regocijo navideño, y aquí paz y allá gloria? Porque total, ya se sabe lo que pasa en las cenas multitudinarias. Lo ignoro, pero supongo que depende de lo multitudinarias que sean. Mi segunda recomendación ante la semanita que se nos viene encima, muy agitada y masiva, es que cada cual haga lo que pueda. Con calma, sin atolondrarse.