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Hasta el viernes pasado, no sabía de la existencia de Carmen Mola y ahora me planteo utilizar este nombre como contraseña en el portátil del curro. El marketing lo puede todo. Pero no quiero que este sea mi único aporte al debate del momento. Algo quiero decir sobre la utilización de seudónimos a la hora de publicar.

Pongamos ejemplos, para entendernos con claridad. Muchas veces, la retórica no es más que una forma de escurrir el bulto. Háganme caso, sé de lo que hablo. Veamos. Si escribo una novela sobre lo terrible de la inmigración y me hago llamar Omar Dongmo y digo que recalé en España después de jugarme la vida en un viaje demencial desde Nigeria, eso es mentir para sacar tajada, algo así como el gol de Mbappé en la final de la Nations League.

En cambio, si escribo una novela sobre lo difícil que es escribir novelas y me hago llamar Lola García y digo que trabajo en una correduría de seguros, entonces no pasa nada, no me estoy aprovechando de nada. ¿Se entiendo lo que quiero decir? Pues ahora toca darle al coco. Buenos días.