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Mientras unos cuantos energúmenos frivolizan con el nazismo para atacar a la presidenta Armengol, en el Senado Alicia Sánchez Camacho demuestra que es indigna del sueldo que le pagamos entre todos. La presidenta Armengol intenta evitar la discriminación de los isleños en la Sanidad –por supuesto nadie debería estar en ella sin poder acreditar los conocimientos de catalán que permitan entender a los usuarios– y recibe insultos graves que deberían perseguirse y juzgarse (en Alemania sería así) y mientras tanto la expresidenta del PP catalán, reconvertida en senadora, abre la boca para asegurar sandeces como que Ausiàs March era gallego o Ramon Llull menorquín y nadie de su partido le pide que deje inmediatamente el cargo por inculta. Este es el reflejo perfecto de lo que tenemos en nuestro país: respeto por la diferencia, por la cultura, por la diversidad lingüística y por el conocimiento.