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Los norteamericanos se han ido de Afganistán y se armó la marimorena. No sólo los norteamericanos, también estaban los ingleses, los franceses, los españoles, en fin, los ejércitos de la OTAN. ¿Y qué narices hacían allí? Dicen que diariamente Washington gastaba millones por el mantenimiento de sus soldados, pero lo que no dicen es que se llevaban ellos de Afganistán. ¿O piensan que los norteamericanos van a algún lado si no es para sacar tajada? Y los otros, España, Alemania, Francia, ¿qué se llevaban estos?

Ni ahora ni antes ni nunca los ejércitos acuden por razones humanitarias. Afganistán retrocederá en libertades, las niñas no podrán ir a la escuela, las mujeres volverán a ser sólo un objeto y el pueblo pasará más hambre que los pavos de Manolo. Visto desde occidente y desde los países llamados democráticos, esto es una aberración; sin duda, pero es su aberración, su costumbre, un hábito de siglos y nadie tiene derecho a cambiarlo por la fuerza de las armas. ¿Vienen los árabes aquí a decirnos cómo vestir, como enseñar a los niños o cómo vivir? Países deficientes los hay a patadas, el nuestro lo es y sino porque no se deja a los catalanes ser catalanes o a los vascos ser vascos. Tal vez toquemos el tema otro día.

La libertad casi siempre se consigue con sangre, sudor y lágrimas. Las mujeres de Afganistán serán libres cuando digan que el burka se lo pongan ellos y no cuando países extranjeros vayan con sus ejércitos a imponerles las excelencias del sistema democrático. En el planeta Tierra hay disparidad desde que Dios nos jodió con la Torre de Babel y, aunque sea infame, la peor parte se la llevan siempre las mujeres. Es muy triste ver a las familias afganas tratando de escapar de los talibanes y de lo que se les avecina, pero, aunque el sentimiento nos estalle en mil pedazos, no podemos hacer nada. Ahora Afganistán será un país más de tantos donde los derechos humanos no existen. Podemos pedir perdón por las acciones de nuestros gobiernos, pero no podemos solucionar el problema palestino, ni el kurdo, ni el afgano, ni el rohinyá, ni el del 57% de países en el mundo que están bajo régimen dictatorial, siquiera podemos solucionar el desmán de las eléctricas.