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Hoy publicamos una inquietante información sobre el renacer de las sectas en Mallorca, tras unos años casi desaparecidas por la pandemia. Las restricciones de movimientos impuestas por el Gobierno, para evitar la propagación del virus, evitó que muchos grupúsculos siguieran manipulando a los adeptos en reuniones o jornadas supuestamente lúdicas en la naturaleza. Ahora, en cambio, con la vuelta a la normalidad hay cerca de treinta clanes dedicados, con mayor o menor suerte, a captar afiliados. Y más de 150 residentes en la Isla estarían ya en la órbita de estos desalmados.

El control absoluto más que el dinero.
Hace décadas, la mayoría de sectas buscaban el dinero y los bienes inmuebles de sus víctimas. En la actualidad, según han confirmado los expertos consultados por este periódico, el objetivo de estos grupos es el control total sobre el individuo. El poder sobre sus decisiones. No quieren a candidatos conflictivos, que puedan dañar la imagen idílica que propagan, y el boca a boca es la clave para llegar a otros futuros adeptos. Anular psicológicamente a la víctima, y hacerle creer que sus problemas solo pueden ser superados con la ayuda del gurú de turno, son las premisas de estos grupos.

La naturaleza por excusa.
Llama poderosamente la atención que sus técnicas se han perfeccionado y ahora el reclamo ecológico es el más utilizado. Tras meses de encierro, muchas personas necesitan el contacto con la naturaleza para olvidar los tiempos más oscuros del coronavirus, así que los falsos chamanes y sanadores apelan a este contacto con la naturaleza para poder llegar a cada víctima. Excursiones a parajes bucólicos, en grupos reducidos, o jornadas de playa son algunos de los programas que ofrecen las sectas actuales. Internet también se ha probado como una herramienta útil a la hora de encontrar a personas vulnerables, que necesitan ayuda y sin saberlo caen en manos de desaprensivos.