África Juan, autora de los abanicos que luce junto a Vera Martínez, inspirados en el azul del Mediterráneo. | Amalia Estabén

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En uno de los veranos más calurosos que se recuerda en la Isla, que no ha dado respiro desde mediados del mes de junio, el abanico se ha convertido en un complemento imprescindible, tanto para mujer como para hombre. Tanto, que incluso en muchas cenas de verano los anfitriones los ofrecen a sus invitados a la mesa. De todas clases, color, decoración, de maderas nobles y otras más sencillas, la cuestión es conseguir un soplo de aire, con vaivén manual, algo que también resulta más económico.

La pintora mallorquina África Juan plasma en sus abanicos temas marítimos jugando con el blanco y el azul del Mediterráneo. «Sí, me gusta pintar abanicos de pequeños veleros con estas tonalidades. Me inspira mucho todo lo relacionado con el mar y no lo puedo tener más fácil puesto que tengo mi estudio en Santa Ponça. En estos momentos estoy realizando un encargo para una entidad, en el que el mar balear estará también presente, y será presentado próximamente».

En todas las reuniones de verano, el abanico está siempre presente.

La artista destaca que a lo largo de su trayectoria profesional «he pintado una serie de abanicos con temas mediterráneos    hechos por encargo. Elijo con preferencia los de madera de peral y tela    de algodón de alta calidad, que facilita el trazo con pintura acrílica. Se puede decir que todos ellos son inéditos y van destinados a regalos muy especiales. Entre los solicitados, he pintado el islote de Alcanada (Alcúdia), casas particulares y muchos rincones de la costa balear».

Variedad

La gama de abanicos es tan  variada como los gustos personales. Y de ello dan fe en la tienda Paraguas (1910), un comercio emblemático de Palma de la calle Jaume II, con una trayectoria que goza del reconocimiento del público por la calidad y buen trato. Desde este comercio señala Maribel Moyá que «este verano hemos vendido muchos abanicos, tanto a residentes como extranjeros. Hace un calor tan agobiante, que estos últimos se los llevaban puestos, ni tiempo para envolverlos. Los extranjeros solicitan más un tipo de abanico que recuerde su origen español, tanto en colores como en diseño. Les gusta llevarse un buen recuerdo. En cuanto a los gustos, cabe señalar que la gente compra de todo. Los residentes piden piezas que tengan mucha tela porque hacen más viento. También depende de la ocasión, pues si se trata de un boda, la que hace de madrina suele elegir un complemento más especial».

Maribel Moyá, con los abanicos pintados con estampas del verano.

Este año han tenido un gran surtido para caballeros, pues la demanda de abanicos por parte de los hombres va en aumento. «Los eligen de menor tamaño y de colores lisos». «La calidad de los abanicos depende también de la materia prima con la que están hechos –señala Moyá–. La mejor madera es la de peral, aunque ahora los hacen también de bubinga o sipo, pues hay escasez de la primera. Los abanicos que tenemos proceden de Valencia. Los calados son más clásicos y los lisos de colores gustan mucho a los jóvenes. Los de pequeño tamaño, para bolsos y clutch, también tienen mucha demanda. Luego tenemos los pintados por pintores de fuera, unos más conocidos y otros de artistas jóvenes. Entre este surtido están los que recrean estampas del mar, la playa y elementos veraniegos en general». Las cenas y reuniones de verano son motivo para lucir estos complementos. Unos proceden de regalo, otros son heredados y otros adquiridos por uno mismo. Todos ellos muy personales. No cabe duda de que los abanicos forman parte de la historia, son    un complemento que aporta elegancia a la mujer, y también al hombre, y regalan un soplo de aire fresco en este tórrido verano.