Los patinetes eléctricos disparan el número de accidentes en Palma pese a los meses de confinamiento, por la multiplicación de usuarios y la falta de educación vial. | Archivo

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Hace tres semanas un amigo y su pareja, que viven en uno de los barrios más céntricos y populosos de Palma, cogieron su moto para hacer unos recados. Su viaje sobre dos ruedas duró apenas un minuto cuando un patinete eléctrico conducido por un chaval cruzó la calle en sentido perpendicular y sin mirar. Para evitar la colisión, frenaron en seco y la moto terminó volcando. El resultado: contusiones y quemaduras de asfalto para el conductor, mientras que el copiloto se llevó la peor parte, con una fractura trimaleolar del tobillo derecho. Esa noche fue operado y le va a tocar pasar un verano confinado en casa, con una baja que se podría alargar hasta el mes de diciembre, rehabilitación mediante.

El causante del accidente, que al no ser embestido, no sufrió ningún daño, no tardó en huir cuando varios testigos del percance le increparon. Normal que lo hiciera: la ordenanza de Palma en cuanto al uso de vehículos de movilidad personal (VMP), que incluye a los ya cotidianos y peligrosos patinetes eléctricos, prohíbe terminantemente que los menores de 15 años puedan utilizarlos. El causante del accidente, huelga decirlo, no superaba los doce años, y la seguridad vial debe ser para él algo así como una película de ciencia ficción.

Nueva movilidad

La venta de patinetes eléctricos, y en menor medida otros vehículos análogos como hoverboards, segways o monociclos, ha experimentado un crecimiento brutal en los últimos tres años. Es algo que todos hemos visto en las calles. Son una estampa habitual: un medio de transporte autónomo, a un precio al alcance ya de casi todos los bolsillos, que utilizan desde una estudiante pasando por un director de banco o un jubilado, fácil de usar, sin necesidad de papeles ni carnet y que se ha vendido como un sistema de desplazamiento verde y saludable. Sonia Jichi, portavoz de la asociación para la defensa de los derechos de los peatones Vianants en lluita, recuerda que «la forma más saludable de desplazarse por Ciutat sigue siendo caminar o ir en bicicleta». Además lamenta que peatones y ciclistas se vean obligados a compartir el ya de por sí poco espacio dedicado a estos en Palma con este tipo de nueva movilidad: «Un 80 por ciento de Palma está destinado a vehículos a motor, el resto es para los demás. No puede seguir siendo así. Los peatones tenemos que reivindicar nuestro espacio, al igual que bicicletas y patinetes el suyo. Si no, la convivencia es muy difícil. Para lograrlo hace falta que la infraestructura palmesana de carriles bici deje de ser anecdótica, y sirva para desplazarse de una forma eficaz y segura», recrimina Jichi al Ajuntament de Palma.

La industria de los patinetes eléctricos se ha beneficiado durante mucho tiempo de la situación de vacío legal en cuanto a este tipo de movilidad, dado que, si bien existe una Instrucción de la Dirección General de Tráfico (DGT) sobre estos VMP, no existe una legislación a nivel estatal que regule la circulación y normas de convivencia de estos vehículos, siendo los ayuntamientos los encargados de regularlos mediante sus ordenanzas municipales. Y ya saben que las cosas de palacio van despacio, y el día a día puede con la burocracia institucional. El Consistorio palmesano, por ejemplo, aprobó su propia ordenanza en junio del año pasado, Inca lo hizo este pasado mes de marzo y Manacor todavía no se ha puesto manos a la obra. Pero, aunque ya esté regulado el uso de estos vehículos de movilidad urbana, todavía queda mucho trabajo por hacer para controlar la infinidad de irregularidades relacionadas con su uso.

Normativa en Palma

La norma señala que los VMP solo pueden ser conducidos por mayores de 15 años, siempre en posición de pie, y nunca puede desplazarse más de una persona sobre él. Asimismo, estos dispositivos deben respetar las normas generales de circulación, cumplir con los requisitos técnicos de certificación establecidos y disponer de timbre, sistema de freno, luces y elementos reflectantes homologados. También recomienda, que no obliga, portar casco y chaleco reflectante.

Patinetes y vehículos homólogos pueden circular por los carriles bici, con las mismas condiciones que los ciclos. Del mismo modo que estos, cuando se den condiciones excepcionales, podrán circular por aceras y espacios para peatones. También pueden circular por las calles señalizadas como residenciales, sin superar la velocidad máxima de 20 km/h; las calzadas zona 30 y calles limitadas a velocidades inferiores a 30 km/h, así como las ciclocalles sin superar esa misma velocidad y siempre en el sentido de circulación autorizado. Por tanto, no está permitido usar el patinete eléctrico en aceras, plazas, parques, jardines y otros espacios públicos destinados en exclusiva a los peatones, ni tampoco en las principales arterias de tráfico. Ahora echen la vista atrás y piensen cuántas veces han visto a un usuario con un patinete eléctrico incumpliendo flagrantemente esta ordenanza municipal.

Sanciones y accidentes

Según los datos facilitados por el Consistorio palmesano, la Policía Local interpuso 49 multas a conductores VMP entre septiembre del año pasado y este mes de julio; la mayoría por circular con auriculares (15), ir sin las luces reglamentarias (9) o no respetar el sentido de la circulación autorizado (9). Una cifra baja, a tenor de las estampas que uno se encuentra por las calles día sí, día también. Pero el incremento de estos vehículos, como era de esperar, empieza a tener su reflejo en los datos de siniestralidad. En 2019 estuvieron involucrados en 71 accidentes, mientras que este año ya se contabilizan 54 hasta este mes de agosto, y eso con el confinamiento de por medio.

«La movilidad personal urbana es el futuro. Los más jóvenes son los que más utilizan este tipo de vehículos. Por eso debemos hacer hincapié en el servicio de educación vial que la Policía Local de Palma imparte en los centros escolares de Ciutat», apuntilla el mayor de Tráfico, Miquel Pericàs.

Si los patinetes eléctricos ya son un problema ahora, imagínense cuando el Consistorio apruebe los próximos meses Palma 30 y los vehículos de movilidad urbana puedan circular libremente por el 90 por ciento de nuestras calles. La convivencia entre peatones, ciclistas, vehículos a motor y patinetes se antoja difícil.