Muchas horas en casa, y la reducción de la vida social a cero han hecho descubrir a muchos su faceta más 'cocinillas'. | Pixabay

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Tras la fiebre ilógica e infundada del papel higiénico, que desapareció de los estantes de los supermercados de una forma inusitada durante los primeros días de confinamiento, se ha instalado otra: la fiebre de la levadura.

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El responsable de su misteriosa desaparición de los comercios no es un problema de desabastecimiento; tanto a Baleares como al resto de supermercados de España sigue llegando no la misma cantidad de mercancía que antes, sino mucha más, con motivo del repunte de las compras en alimentación, prácticamente el único ámbito en el que las familias mantienen su gasto.

Probablemente el culpable sea el propio confinamiento en sí. Muchas horas en casa, y la reducción de la vida social a cero han hecho descubrir a muchos su faceta más 'cocinillas'. Es por eso que elaboran como si no hubiera un mañana todo tipo de panes y repostería caseros. Y claro está, tanto hornero aficionado requiere y consume mucha levadura.