Uno de los okupas de la casa de Boris Becker explica su situación actual. | Youtube Ultima Hora

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El mallorquín Daniel Goelitz, hijo de alemán y de tailandesa; su compañera del alma, Nadine, y su hijo, Damián, fueron los últimos okupas en abandonar la casa de Boris Becker. Con anterioridad lo hicieron Bauchi y Stefani, que fueron los primeros okupas el lugar.

Daniel y Nadine, con su hijo, vivían en una de las casas de Son Coll, la finca del extenista germano. Trabajaban en un proyecto de ventas de placas solares vía on line, dedicando algunas horas del día a cultivar el pequeño huerto que tenían. Era la condición con la que habían entrado.

Vidas atascadas

Anteayer por la tarde estuvimos hablando con ellos. Llegaron tirando del carrito en el que iba Damián. A poco de tomar asiento en la terraza de Es Rebost nos dieron la buena nueva: Nadine está embarazada de nuevo.

Pero, por otra parte, sus vidas siguen atascadas por obra y gracia de la burocracia. No tienen casa porque les ha caducado sus datos de empadronamiento que tenían en Palma, y sin casa no les pueden empadronar en ninguna parte, por lo que, de momento, y en lo que solucionan este asunto, están viviendo en una casa que una familia les ha cedido por unos días en Pla de Na Tesa. Mientras tanto, ocupados en resolver lo del empadronamiento, han aparcado el trabajo, «y lo peor –dice Daniel–, es que el embarazo que tiene Nadine es de riesgo, y vivir con el estrés que vivimos no le conviene».

Daniel nos resume lo que ha ocurrido –o mejor, lo que les ha ocurrido– desde que abandonaron la casa de Boris el pasado 14 de enero.

Viven de prestado

«Con anterioridad a la salida –relata–, había contactado con los Servicios Sociales de Artà, explicándoles nuestra situación, pero, por lo que vimos, no habían hecho nada. Una vez fuera de la casa, estos servicios, y por un tiempo de 14 días, nos enviaron a un apartamento de Cala Ratjada, diciéndonos que debíamos ir a Palma para hacer la petición de acogida, pero como no teníamos medios de transporte lo fuimos retrasando».

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«Cuando por fin –sigue– pudimos hablar con los Servicios Sociales de Palma, nos informaron que nuestra solicitud no era viable, pues el padrón que teníamos había caducado, por lo cual teníamos que empadronarnos de nuevo, para lo que se necesita un domicilio, pero como no tenemos, no nos han podido empadronar. Vamos, como la pescadilla que se muerde la cola. Luego, en Palma nos dijeron que en Artà era donde nos tenían que haber solucionado el problema.»

«Por fortuna –cuenta–, antes de abandonar Cala Rajada, a través de Face, donde conté nuestra historia, una persona contactó con nosotros ofreciéndonos un lugar en el Pla de na Tesa, que es donde estamos viviendo ahora. Mientras tanto, seguimos sin estar empadronados en ningún sitio, ni tampoco tenemos un domicilio, por lo que los servicios sociales no pueden hacer nada. Cansado de ir de un sitio a otro sin poder resolver nada, voy a intentar el empadronamiento en el Ajuntament de Marratxí a ver si ahí tenemos suerte. Porque, repito, necesitamos estar empadronados para poder alquilar una casa, y así poder reanudar nuestras vidas y que mi mujer, sobre todo, se tranquilice».

¿Les echamos una mano?

Cuenta que también ha visitado el Ibavi, «pero, aparte de que se ve que no tienen ningún protocolo para familias que estén en la calle, nos han dicho que la cola es tan grande que tendremos que esperar bastante tiempo en conseguir una vivienda. Así que… ¿Qué hacemos, y más cuando vemos que la burocracia ni sigue adelante ni tampoco encuentra soluciones? ¿Pegarle una patada a una puerta de una casa abandonada y vivir como okupas? Porque, de momento, esa es la solución. Porque necesitamos un techo y trabajo hasta que pueda retomar lo del proyecto de las ventas on line. Y… pues si donde estamos ahora nos dicen que nos tenemos que marchar, nos quedamos en la calle, a no ser que alguien que lea el diario nos quiera echar una mano».

Entonces, nos pasa su móvil, 602 199 008, «porque si alguien que necesite gente para trabajar en el campo, cuidar una finca, incluso cuidar niños, que nos llame, que nos pondremos de acuerdo, pues con la renta mínima que tengo de 650 euros no es fácil vivir tres personas».

La unión hará la fuerza

Ni Daniel ni Nadine entienden que cómo habiendo tantas casas cerradas, gente con problemas de techo no puedan optar a una de ellas. «El otro día encontramos una casa abandonado y pensamos que si no salía otra cosa, mejor eso que nada, pues los del Pla de na Tesa bastante están haciendo por nosotros. Pero vimos que dentro de la casa había ropa, lo que nos hizo suponer que estaba habitada, y desistimos, pues no queremos molestar a otros okupas».

Daniel, que sabe que hay personas en sus mismas circunstancias –no poder avanzar por no estar empadronados, y sin padrón no poder alquilar una casa–, o parecidas, pide que contacten con él, «y así, cuantos más seamos, más caso nos harán, con lo cual se agilizarán también los trámites».