Rafael Nadal junto a don Juan Carlos y doña Sofía. | Julián Aguirre

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Es sabido que don Juan Carlos es un gran admirador del tenista Rafael Nadal y este viernes dio una nueva muestra de ello al visitar la academia de tenis que tiene el tenista en Manacor. Al Rey emérito le acompañó doña Sofía, no tan aficionada al tenis como su esposo, pero que quedó maravillada como él con las espectaculares instalaciones. Durante unas dos horas don Juan Carlos y doña Sofía recorrieron el complejo. Tras la visita, el siguiente punto de encuentro fue el restaurante Sa Punta, en Son Servera.

Al ágape acudieron en total 15 personas entre los que se encontraban, además de los reyes eméritos, Rafael Nadal y Xisca y los padres de éste, y Miquel Àngel Nadal, que llegó acompañado de las dos abuelas del tenista, Catalina Femenias (madre de Aina Maria Parera) e Isabel Homar (madre de Sebastià Nadal). Un Volvo XC90 dejó a don Juan Carlos, quien viajaba en el asiento del copiloto, y a doña Sofía, que ocupaba un asiento trasero. En un Kia Sportage conducido por Sebastià Nadal y con su mujer al lado, llegaron también de pasajeros Rafael y Xisca. La última en llegar fue Maria Isabel, hermana del campeón. Toni Nadal no acudió al estar en Grecia.

El personal del restaurante había dispuesto varias mesas en el interior y en la terraza para que los reyes eméritos y el servicio de seguridad eligieran dónde almorzar. Al final se decantaron por estar bajo techo. Algunos comensales que estaban en el mismo salón fueron reconducidos a la terraza para que el grupo tuviera la máxima privacidad y tranquilidad posibles.

El menú

El menú tuvo un sabor marinero y los comensales disfrutaron con la propuesta del chef Andrés Moreno consistente en gallo mallorquín, caproig, gambas de Sóller, almejas fina, navajas, rodaballo salvaje, con guarniciones de tumbet y verduras al grill.

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El vino escogido fue Pago de Carraovejas y se sirvió agua en abundancia. Como postres hubo sant honoret y fruta. El encuentro a manteles se prolongó durante más de tres horas.

Los reyes eméritos salieron acompañados por sus anfitriones, aunque volvió a faltar el tenista en la despedida en el exterior del restaurante.

La ausencia de Rafa Nadal se entendió cuando poco después subió a una pequeña zodiac en compañía de su novia y de otra pareja rumbo a su yate Beethoven, fondeado frente al restaurante. Desde allí pusieron rumbo a las calas más recónditas de la zona de Artà. Sin duda, un colofón perfecto para una jornada muy especial.

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Sa Punta cuenta con unas privilegiadas vistas al mar. Mientras se celebraba el almuerzo, fondeó frente al restaurante el Beethoven, el yate que ha puesto a la venta el tenista por 2,5 millones de euros y que cambiará por un catamarán.

Pero hasta que se lo entreguen, Nadal sigue disfrutando de esta embarcación adquirida en 2016 y nada más acabar la comida puso rumbo al yate con su novia y otras dos personas.

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