Paco Mestre, Amparo Cárceles y el hijo de ambos, Kiko, este viernes en la panadería, cuyos clientes comentaban tanto en el interior como en el exterior la pena por el fin de este negocio. | Jaume Morey

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«No podemos más. Estamos agotados», comentaba este viernes una y otra vez Amparo Cárceles, quien junto a su marido, Paco Mestre, ha llevado durante los últimos 21 años el Forn del Terreno, ubicado a la altura del número 19 de la calle Robert Graves. Este matrimonio ha tenido una vida dedicada a este exigente mundo donde se madruga mucho, se trabaja a destajo y los días más exigentes son los que para la mayoría son festivos. «Es que no hemos tenido vida», se lamentaba Amparo.

Paco lleva tres cuartas partes de sus 63 años trabajando en el sector. «Comencé en un horno cerca de aquí y cuando tenía libre, venía a éste, que por aquel entonces se llamaba el Forn de Can Pedeçet a hacer horas extras. Se ganaba poco y había que completar el sueldo como fuera». Después pasó a trabajar en los hornos del Pont y de Sant Elies.

«Cuando empezamos a regentar este último fue cuando pasó a entrar a trabajar mi mujer». Allí estuvieron unos cinco años hasta que se decidieron a tener su propio negocio.

«Este horno llevaba cerrado muchos años cuando lo compramos. Estaba en ruinas», explica Amparo quien añade que «cuando eres joven puedes con todo, pero ha llegado un momento en el que no damos más de sí». Un ‘susto’ en la salud de Paco sucedido hace unos ocho meses fue el detonante para cerrar la panadería. «Ni nos hemos planteado un traspaso porque nadie se quiere hacer cargo de un negocio así. Nuestros dos hijos nos ayudan, pero ellos estudian y prefieren tener otro trabajo», explica Amparo, quien no piensa en el futuro. «Ahora mismo sólo me planteo descansar y no sabemos qué haremos con el local».

Durante estos últimos días la noticia ha corrido como la pólvora, no sólo entre el barrio sino en los clientes que tienen en otras partes de Palma «e incluso en Madrid y Barcelona, que vienen cada año, así como numerosos extranjeros».

Alguno de estos clientes habituales comentaba la pena por el cierre de este negocio. «Ha sido una gente trabajadora que siempre ha ofrecido un producto artesano de primera calidad», señalaba uno de ellos.