Nicolau Nicolau y Sebastián Ramis, propietario y mecánico del coche respectivamente. | Juan Miguel Giménez

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Nicolau Nicolau es un gran coleccionista de coches clásicos. En su haber tiene modelos de todas clases, algunos tan raros como este Buick Sky Hawk de 1974, un vehículo de adquirió allá por los años ochenta en Palma. Nos dice que es un modelo muy raro, no se construyeron muchos, por lo que hay pocos ejemplares en nuestro país. En Mallorca sólo está éste y uno que no funciona que también tiene Nicolau para utilizarlo como piezas de repuesto, ya que no es nada fácil encontrar recambios si surge alguna avería. Estamos hablando de un coche con un motor de seis cilindros los llamados V-6 y que tiene entre sus peculiaridades que dispone de un techo de cristal. Además, este vehículo es automático, por lo que su conducción es sencilla. No fue uno de los modelos más populares de la marca americana y por ello su producción no se prolongó mucho en el tiempo, fue bastante limitada, más que nada por los muchos problemas económicos que la marca sufrió a lo largo de su historia.

MECÁNICO ESCOCÉS
Para David Dunbar Buick, mecánico de origen escocés, la fabricación de automóviles debía constituir sólo una fase de pocos años en una larga vida de experimentos e inventos, que terminó oscuramente después de una serie de fracasos debidos a su incapacidad empresarial. Nacido en Escocia, la familia de Buick se trasladó en 1856, cuando él contaba sólo 2 años, a Norteamérica, para establecerse en Detroit. Después de una rentable experiencia con la constitución de una firma que trabajaba en el sector de la hidráulica, en 1901, atraído por las experimentaciones de los motores de explosión, vendió su participación de acciones y algunas patentes por la suma de 100.000 dólares. Esto le permitió ponerse a trabajar con ayuda de su hijo Tom, en el taller de su casa de Detroit.

CADENA DE FRACASOS
En los años venideros Buick tuvo que enfrentarse con una cadena de fracasos empresariales que, tras haber agotado su patrimonio, le hicieron perder el control de las fábricas que se habían constituido paulatinamente; tres en un bienio. Necesitado de crédito, Buick volvió a acercarse a los hermanos Benjamín y Frank Briscoe, acaudalados industriales siderúrgicos de Detroit, que le habían concedido ya pequeñas financiaciones. En mayo de 1903, los Briscoe se dejaron persuadir para una nueva inversión de 3.500 dólares, pero exigieron la estipulación de un contrato según el cual asumirían el control de la empresa si Buick no hubiese pagado la deuda dentro del mes de septiembre. Pero ya en el verano de 1903, alarmados por las continuas pérdidas, los Bricoe decidieron ponerse a seguro y consiguieron ceder la empresa, con David Buick y sus deudas, a James H. Whiting, director de la Flint Wagon Work, una de las fábricas de carruajes más importantes de Flint. Años después llega a la compañía William Crapo Durant y en 1908 Buick se despidió, justamente en el momento en que la empresa sobresalía con una vasta gama de modelos diferenciados.