Pedro Górgolas. | M. À. Cañellas

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Es doctor arquitecto, profesor de Urbanismo y Ordenación del Territorio en la Universidad de Sevilla y uno de los miembros del numerosos equipo de Territorio y Ciudad, empresa que ha colaborado con el área de Model de Ciutat en la redacción del Plan General. Pedro Górgolas llegó este viernes a Palma para participar en una nueva jornada de presentación de esta herramienta urbanística en la sede del Col·legi d’Arquitectes de les Illes Balears (COAIB).

¿Estamos ante una nueva burbuja inmobiliaria en Palma?
—Existe un principio económico en economía que se llama miopía del desastre, en el que canto más me alejo [en el tiempo], menos lo percibo. Los expertos anuncian que hay burbuja aunque no con los niveles tan excesivos de la llamada década prodigiosa inmobiliaria. Pero este sector tiene mucha fuerza para la recuperación de la economía. Antes de la pandemia, ya había documentos que atisbaban una nueva burbuja. De hecho, hay datos que indican que el precio de la vivienda de Palma es un 17 por ciento superior al de la burbuja que pinchó en 2008. Todo apunta a que vuelve la burbuja.

¿Puede un plan general frenar la burbuja?
—Precisamente, el Plan General de Palma trata de eso. Por su dimensión, está más volcado hacia la ciudad existente, la justicia espacial y trata de atemperar posibles efectos de una nueva burbuja porque se vuelca en la sostenibilidad.

Mallorca es el ejemplo de la España repleta, sufre fuertes presiones inversoras en el ladrillo y el nuevo Plan General limita los suelos urbanizables. ¿Es posible crear vivienda asequible?
—En el plan se hace un gran énfasis en la vivienda social protegida. El precio de mercado de Palma hace prácticamente imposible el acceso a la vivienda a la población joven, no tiene capacidad económica ni para comprar ni alquilar. El Plan General hace un esfuerzo importante en el parque de vivienda asequible. Se utilizarán solares vacíos, se apuesta por la utilización del parque vacío (en Palma son 10.000 viviendas) y se actúa en la transformación urbana.

Territorio y Ciudad es una empresa que ha colaborado en la redacción del nuevo Plan General de Palma pero también lo está haciendo en otras muchas ciudades. ¿Existen grandes diferencias?
—El plan de Palma tiene una visión del urbanismo de la transformación. Supone un cambio de ciclo muy importante frente al urbanismo expansivo y economicista de los últimos años. En Palma, y en Mallorca, el territorio es finito y los marcos normativos baleares llevan en su código genético la reducción del crecimiento. Territorio y Ciudad está trabajando en los planes de Sevilla, Marbella, Algeciras, Huelva, Granada y acabamos de ganar el concurso para SantJosep de sa Talaia (Eivissa). También trabajamos en Extremadura, Madrid y País Vasco.

El hecho de que gobierne un partido u otro en un ayuntamiento marca el espíritu del Plan General que estén redactando en ese momento.
—El urbanismo tiene una dimensión política que es absolutamente clara en la toma de decisiones del gobierno de la ciudad. El perfil ideológico tiene incidencia en el modelo de ciudad. En Andalucía, por ejemplo, no hay tanta diferencia entre partidos. Ha estado gobernada por el PSOE durante 25 años y ha sido absolutamente depredador en el litoral. La nueva ley urbanística andaluza apuesta por la expansividad y el crecimiento inmobiliario. Y ya está urbanizado el 60 por ciento del frente litoral y el 90 por ciento de la Costa del Sol.

¿Cómo fue el trabajo de redacción del plan en plena pandemia?
—Cuando pudimos tener presencialidad en Palma, aprovechamos todos los viajes para ir conociendo la ciudad. La Oficina del Plan General de Palma fue un apoyo fantástico e insustituible durante el confinamiento, que trabajamos desde casa y de manera virtual. Ha supuesto un sobreesfuerzo importante. Con el proceso participativo, habrá que apuntar las propuestas.