En el interior del mercado solo quedan cinco puestos abiertos (los otros dos están en el exterior). | Laura Becerra

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El Mercat municipal del Camp Redó cerrará sus puertas el próximo 31 de julio ante la imposibilidad de los pocos placeros que quedan, algunos de los cuales llevan cerca de 40 años, de hacer frente a los gastos fijos y menos aun de afrontar las exigencias de la nueva adjudicación prevista por Cort para la que no han podido encontrar inversores.

El presidente de la Associació de Detallistes del Mercat Municipal del Camp Redó, Francisco González, lamenta que «no tenemos capacidad inversora y ni siquiera podemos cubrir los gastos fijos del mercado, unos 7.000 euros al mes, con las siete personas que quedamos, por no hablar de averías o reparaciones».

Los placeros no pueden pensar tampoco en presentarse al concurso para la explotación de esta superficie durante los próximos 30 años «porque no hemos encontrado inversores y se nos requiere una inversión de 460.000 euros, 260.000 de inicio y otros 200.000 en 15 años. Y eso como inversión mínima, porque para hacer atractivo el mercado en comparación con como está el comercio exterior necesitamos 700.000 u 800.000 euros», explica.

González reconoce que «hemos llamado a personas que pudieran estar interesadas en los puestos, a placeros de otros lugares, pero así como está el mercado supone empezar de cero y no ha habido nadie interesado». Los actuales placeros no contemplan unirse a ninguna cadena de supermercado porque desde siempre su idea era la de mantener el mercado tradicional.

Llegados a este punto, el presidente de la asociación cuenta que «todos nos estamos buscando locales fuera para seguir con nuestra actividad».

El plazo para la presentación de ofertas para la nueva gestión se cierra el 22 de julio y por eso quieren apurar el tiempo hasta ese momento por si apareciera algún inversor, pero ya no cuentan con ello.

El Ajuntament espera poder resolver el concurso en otoño, aunque los actuales placeros tendrían derecho a permanecer hasta el 31 de diciembre.

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El declive del mercado, reconoce González, comenzó «hace unos diez o doce años», coincidiendo con la apertura justo enfrente de un gran supermercado.