La joven activista medioambiental sueca Greta Thunberg. | Zipi

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La activista ambiental Greta Thunberg ha vuelto a vuelto a cruzar el Atlántico a vela para acudir a la Cumbre del Clima de Madrid (COP25), como ya hizo para participar en la Cumbre sobre la Acción Climática en Nueva York el pasado septiembre, con el objetivo de crear conciencia sobre el impacto del avión en el medioambiente.

Sin embargo, artículos de prensa y usuarios de redes sociales han puesto en duda que Thunberg haya contaminado menos evitando el avión, especialmente en su viaje de Europa a Estados Unidos, que realizó en el velero del príncipe de Mónaco Pierre Casiraghi y exigió el desplazamiento de varios tripulantes en aeronave.

La huella de carbono o huella ecológica es «el impacto que nuestros hábitos y actividades cotidianas tienen en el clima y la atmósfera terrestres, medido en kilogramos o toneladas de CO2», explican desde la ONG Ecologistas en Acción. En ella influyen variables como el alojamiento, el transporte, la alimentación o el consumo, en función de las materias primas empleadas en su fabricación y la energía utilizada en su uso.

Desde que se convirtió en figura pública, Thunberg ha promovido hábitos que contribuyen a minimizar la huella de carbono, como la dieta vegetariana o el uso de medios de transporte que no utilizan combustibles fósiles.

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La joven de 16 años se ha convertido en un modelo a seguir para muchos, pero también ha sido criticada por aquellos que cuestionan si estas decisiones son tan respetuosas con el medio ambiente como parece.

El periplo ecológico de Thunberg comenzó en agosto, cuando viajó desde Plymouth (Reino Unido) hasta Nueva York en el velero de competición «Malizia II», del hijo menor de Carolina de Mónaco, Pierre Casiraghi, para asistir a la Cumbre sobre la Acción Climática de Naciones Unidas.

Este viaje, de dos semanas exactas de duración, dejó una huella ecológica de 0 kg. de CO2 gracias al sistema de paneles solares y turbinas subacuáticas con el que cuenta la nave, que permite utilizar electricidad a bordo sin emitir sustancias dañinas para el medioambiente. Este mismo trayecto (Plymouth-Nueva York), realizado en avión, se habría completado en unas 11 horas y media y habría liberado 798 kg. de CO2, como se comprueba al emplear una calculadora de huella de carbono.

Magdalena Heuwieser, portavoz de la plataforma Stay Grounded, que integra a más de 150 entidades que luchan contra los desplazamientos en avión, explica que este medio de transporte es «el más perjudicial para el medio ambiente».

Los momentos más contaminantes son el despegue y el aterrizaje y, además de dióxido de carbono, los aviones liberan vapor de agua y óxido nitroso, otros gases de efecto invernadero que lo hacen aún más «letal», apunta.

Entre los medios de transporte que utilizan combustibles fósiles, «el tren es la alternativa menos contaminante», según Heuwieser. Al viajar en tren, por ejemplo, «un pasajero emite una media de 15 gramos de dióxido de carbono por kilómetro recorrido, cifra mucho menor que los casi 300 emitidos si se desplaza por avión».