Varias personas aplauden la llegada del coche fúnebre con los restos de Emilio Botín a la finca familiar de Puente San Miguel donde recibió sepultura el banquero cántabro, fallecido el miércoles, en el mismo panteón en el que reposan también los restos de su padre y su abuelo. | J.L.Cereijido

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En la estricta intimidad y buscando la máxima discreción, pese a la expectación mediática, familiares, allegados y los amigos más cercanos han despedido este jueves al banquero Emilio Botín, fallecido el pasado miércoles de un infarto en su domicilio de Somosaguas (Madrid).

Sus restos reposan ya, junto a los de su padre y su abuelo, en el panteón familiar de la finca de los Botín en Puente San Miguel (Cantabria), donde se ha celebrado esta tarde el entierro.

Al banquero que transformó el Santander en un banco global y llevó el nombre de la capital cántabra por todo el mundo le quería despedir su familia en un acto íntimo.

Pero dada su proyección pública, ha optado por abrir la capilla ardiente, instalada en la casa palacio del «Promontorio», antigua residencia familiar en Santander, a algunas autoridades y representantes del sector financiero y empresarial.

Por el velatorio han pasado, por ejemplo, los presidentes del BBVA, Francisco González; Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán; Endesa, Borja Prado, y Bankinter, Manuel Guerrero.

Algunos de ellos han explicado a los periodistas que habían acudido a Santander para despedirse de un «gran empresario», al que se han referido también como un «amigo».

Además, a la capilla ardiente se han acercado directivos del Santander y sus filiales que, en algunos casos, habían reemplazado la tradicional corbata roja, todo un distintivo de la entidad, por otra de color negro.

Representantes del mundo universitario y las principales autoridades cántabras, encabezadas por el presidente regional, Ignacio Diego; el alcalde de Santander, Íñigo de la Serna, y el delegado del Gobierno en Cantabria, Samuel Ruiz, también han mostrado sus condolencias a la familia.

Y aunque se trataba de un velatorio privado, algunos ciudadanos anónimos han traspasado las puertas del recinto con normalidad y han podido trasladar su pésame a los familiares de Botín.

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Ése ha sido el caso, por ejemplo, de un matrimonio santanderino, Charo de la Fuente y Juan José Rodríguez, que al salir han explicado a los periodistas que han visto a los familiares del banquero «tranquilos».

«Lo llevarán por dentro. Lo llevamos por dentro los demás, y no es nada nuestro», ha comentado entre lágrimas la mujer, quien ha destacado que Botín hizo «muchas cosas por Cantabria».

Charo y Juan José no pensaban que les fueran a dejar entrar en la capilla ardiente, pero aún así se acercaron para tratar de darle el último adiós a Botín.

«Lo han agradecido muchísimo y yo me voy muy satisfecha», ha apuntado la mujer, mientras que su marido ha lamentado que el banquero no pueda ver inaugurado el Centro de Arte Botín, que se construye junto a la bahía santanderina.

Finalizada la capilla ardiente, sobre las cuatro y media de la tarde el cortejo fúnebre dejó la casa del «Promontorio» y se dirigió a la finca familiar de Puente San Miguel, donde se ha celebrado el sepelio, en este caso, reservado sólo para los más allegados.

El coche fúnebre con el ataúd, acompañado por otros seis vehículos más con flores, ha llegado a esta localidad cántabra sobre las cinco y diez de la tarde y ha sido recibido entre aplausos por algunos vecinos que se habían congregado en el lugar.

Hijos y nietos de Botín han salido entonces de la casa familiar y han recorrido a pie el sendero que la separa de la ermita y el panteón, donde ha sido inhumado el hasta ahora presidente del Banco Santander y de la Fundación Botín.

Los aplausos se han repetido cuando ha terminado el oficio religioso y la familia ha regresado a la casa y, en ese momento, Ana Patricia Botín, que ha sucedido a su padre como responsable del Santander, ha dado las gracias a los presentes por las muestras de cariño y ánimo.

Después de esta despedida familiar, el sábado la Catedral de Santander acogerá un funeral, a las cuatro y media de la tarde, y más adelante se oficiará otro en Madrid.