Cristina Salar hace nueve años que fue diagnosticada de esclerosis múltiple; sólo tenía 40 años. Pese a las dificultades no pierde la esperanza y las fuerzas para llevar una vida lo más normal posible.

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«La esclerosis múltiple no es el fin de mundo, no mata a nadie, se puede vivir y no todo el mundo acaba en silla de ruedas, que es el miedo que tenemos todos». Así de contundente se expresa Cristina Salar, que fue diagnosticada hace nueve años, aunque comenzó a presentar síntomas hace 14 años. Pese a ello, sí reconoce que su vida cambió radicalmente cuando sólo tenía 40 años (ahora tiene 49), ya que es una patología incapacitante y limitante. En este punto, deja claro que no le gusta llamarla enfermedad. «No nos gusta enfermedad porque nos hace sentir enfermos», sentencia.

Cristina, que vive en Montüiri, recuerda que en 2014 perdió la fuerza motora y sensorial de toda la parte derecha del cuerpo y se tuvo que ir al hospital; fue allí donde le diagnosticaron que tenía la también conocida como 'enfermedad de las mil caras'. Ella conocía de cerca esta patología porque trabajaba en el ámbito sanitario, por lo que no se tomó muy mal la noticia. «No me lo esperaba, pensaba que era un ictus; pero como conocía la enfermedad el golpe no fue tan duro». Su familia lo llevó mucho peor.

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Esfuerzo para llevar una vida lo más normal posible

La que más la está sufriendo es su hija, de 10 años, que padece mucho al ver el dolor y las limitaciones con las que tiene que vivir su madre. «La niña lo lleva peor, pasa mucha pena porque hay momentos muy incapacitantes o de dolor y ella lo pasa muy mal». Sin embargo, Cristina saca todas sus fuerzas para normalizar todo lo posible la vida de su pequeña, aunque no es fácil. «Hay días que la llevo al cole y cuando llego a casa mi hijo mayor me tiene que sacar del coche. Son momentos en los que no puedes seguir adelante», explica.

Su vida ha cambiado totalmente, ya que tuvo que dejar de trabajar y no puede disfrutar de acciones tan cotidianas como ir de excursión o salir con sus amigos. «Lo que peor llevo es la fatiga, hay un cansancio de base, pero eso no me impide hacer cosas». Otro de los síntomas que tiene es que arrastra una pierna; en ocasiones no se nota, pero hay veces que tiene que ir con bastón o con muletas. También lleva muy mal el calor, ya que en verano la fatiga se agudiza; al igual que el estrés, que también incrementa los síntomas de la esclerosis.

Mensaje de esperanza

Sin embargo, no pierde su alegría y manda un mensaje de esperanza a todas las personas que tienen esclerosis múltiple. En este sentido, insiste en que se puede vivir, aunque adaptándose a las nuevas circunstancias. Además, destaca que desde que conoce esta patología se han producido muchos avances, tanto a nivel farmacológico como fisioterapéutico. «No es el fin del mundo, la esclerosis múltiple sí que degenera, pero se puede retrasar con una buena alimentación y ejercicio». Para concluir, reconoce que «da mucho miedo cuando te la diagnostican» y asegura que «nadie te pueden entender mejor que personas que padecen esa misma enfermedad». Por eso, recomienda a todos los que la tienen que acudan a la Associació Balear d'Esclerosi Múltiple (ABDEM).