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La Fundació Iniciatives del Mediterrani, con sede en Palma, ha detectado superaciones del valor límite para la salud de partículas. Estas superaciones estarían relacionadas con la actividad de los cruceros en el puerto.

Jaume Garau y David López, presidente y técnico de la entidad, explicaron ayer que «la media horaria de las llamadas partículas P 2.5 -2,5 micras o micrómetros de diámetro- durante el pasado octubre alcanzó puntas de 33,14 microgramos de partículas por metro cúbico de aire, cuando el valor límite para la salud en la Unión Europea es de 20 microgramos. Estos valores punta se dan sobre todo a partir de las 10.00 horas, después de que el 60 % de los cruceros lleguen entre las 07.00 y las 09.00 horas».

La fundación ha instalado sensores homologados de control de calidad de aire en cuatro puntos de Palma: la Bonanova (la primera, hace un año), la Calatrava, el Passeig Marítim y la zona de Pere Garau. Los sensores de estos tres últimos puntos funcionan desde el pasado septiembre.
Garau y López señalaron que «nos hemos fijado principalmente en los sensores de la Bonanova porque son los que hace más tiempo que funcionan y porque esta barriada sufre directamente los efectos de la contaminación de los cruceros. También hemos elegido octubre porque, el año pasado, fue el mes de más entradas de cruceros en Palma, con un total de 85».

Los representantes de la fundación indicaron que «Palma es la segunda ciudad europea con mayor contaminación por cruceros, después de Barcelona y por delante de Venecia. Realmente, no estamos en contra de los cruceros, pero apostamos por menos barcos, más pequeños y más sostenibles. En cualquier caso, la gestión de la navegación y la actividad de los cruceros en el Mediterráneo tiene que enmarcarse en un proyecto europeo».

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Si bien el valor límite de partículas P 2.5 fue ampliamente rebasado en octubre, el de partículas P 10 (10 micras de diámetros) no ha sido, de momento, superado.

La Fundació Iniciatives del Mediterrano participa en el proyecto ReMed, que pretende actuar en ciudades europeas afectadas por el turismo de cruceros como generador de impactos (sociales, ambientales y sobre la salud pública). Acompañan a la fundación palmesana la organización We Are Here Venice (de Venecia, Italia) y el Observatory of Peiraikis (El Pireo, Grecia).

Una de las actuaciones principales del proyecto es la instalación de una red de sensores de monitoraje de la calidad del aire en estas ciudades para la visualización y la fácil interpretación de los datos, ofreciendo una información fiable, transparente y objetiva. Todos estos datos, así como el conocimiento y las capacidades, podrán ser intercambiables en una red de cooperación entre las ciudades participantes.

Garau recordó que «la navegación con energías renovables empieza a ser una realidad. Todo ello debe confluir en un Mediterráneo más limpio, prescindiendo de los carburantes actuales, para lo que ya hay fecha en 2025, y buscando un equilibrio con la vida residencial en estas ciudades portuarias». El sensor de calidad del aire en la Bonanova pudo ser instalado gracias a una campaña de crowfounding que recaudó 3.200 euros y el apoyo de la entidad ambientalista Nabu.

Precisamente, un estudio de Nabu reflejó que 18 de 19 empresas navieras analizadas no tomaban medidas suficientes para proteger el medio ambiente, el clima y la salud pública. De estas 18 navieras, 16 operan habitualmente con sus cruceros en el puerto de Palma.

El apunte

«Complicaciones cardiovasculares y pulmonares»

La Fundació Iniciatives del Mediterrani destaca que «las partículas están asociadas a complicaciones cardiovasculares y pulmonares, y ponen en riesgo la salud ciudadana. La red de sensores de la Autoritat Portuària no las mide, por lo que se puede dar una falsa sensación de seguridad. Por ello es imprescindible contar con una red de sensores de la calidad del aire que permita contrastar la información obtenida por medios oficiales y ofrecer datos fiables y transparentes».