Xisco Ramon y su abuelo Ventura Barceló, en una de las habitaciones de la vivienda apuntalada. | M. À. Cañellas

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Ventura Barceló se encamina hacia los cien años, los años que tiene, mínimo, su casa, que ahora «se está cayendo y me tengo que ir después de 91 años, no hay derecho», se dice así misma esta mujer que está a punto de cumplir 92. Su nieto Xisco Ramón vive con ella. Le hace la compañía que le falta tras de fallecer su marido (2003) y un hijo, el padre de Xisco, en 2012. La finca, ubicada en Pla de na Tesa, la heredó de su madre. Con los años, no recuerda cuándo exactamente, se dividió en dos plantas independientes. Arriba vive otro propietario con quien, en los últimos cinco años han empezado a tener problemas.

El nieto de Ventura ha emprendido serias medidas contra el consistorio de Marratxí y contra el vecino. Al ayuntamiento le reclama que «complete la inspección, ya que solo valoró la parte más antigua de nuestra planta y nos han echado, pero no han ido a visitar la planta de arriba, donde se ha ocasionado todo esto». Al vecino, que entró a vivir en 2012, le ha denunciado en el juzgado porque no quiere pagar la mitad de la reforma que le corresponde. Xisco explica que el tejado está «en ruinas. Recibimos la visita de Inspección del ayuntamiento y vio desfavorable el estado de la vivienda, pero en cambio solo nos han pedido a nosotros que nos fuéramos».

Asimismo, menciona Xisco que, a consecuencia del estado del tejado, «empezó a entrar agua y a haber humedades por culpa del vecino. Tenemos las vigas podridas». La reforma íntegra de la vivienda asciende a más de 20.000 euros. Según Xisco, «el vecino ha impedido que le inspeccionen y el ayuntamiento no hace nada al respecto. Por otra parte, saben los técnicos que las dos cocheras suyas las ha reconvertido en viviendas ilegales, no cuentan con cédula de habitabilidad», lamenta. Son dos las habitaciones apuntaladas de la casa de Ventura.

A la izquierda, detalle de una de las habitaciones de la casa. La vivienda tiene más de 100 años de antigüedad.

Jamás la finca había pasado una Inspección Técnica de Edificaciones (ITE). Ventura Barceló cuenta con un grado tres de dependencia, por lo que, hasta ahora, le venían a limpiar la planta y a ducharla. Desde que recibió el informe de abandonar la vivienda por «peligro inminente», critica que le hayan retirado esta asistencia social. Hace dos semanas que abandonó su casa de toda la vida y hace dos que su nuera le ayuda en todo. La familia reclama al ayuntamiento que le vuelvan a activar la asistencia que le tocaba por su grado.

Ventura apenas se sostiene de pie, y necesita cuidados diarios. La mujer es consciente de que se debe reformar la casa, pero entiende, dice, que «los dos propietarios tenemos que apoyarnos en esto. Nosotros enseguida apuntalamos lo que pidieron y el vecino no colabora».