Valentina y Júlia Planas en Palma. | Pere Bota

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Tras el éxito editorial de Parla bé, collons!, las hermanas Valentina y Júlia Planas vuelven a la carga con Catalanament: un libro homenaje al catalán del siglo XXI. «Está bien cuidar cómo incorporamos nuevas palabras, pero tendríamos que ser más generosos. Debemos buscar alternativas en catalán para las palabras foráneas, pero también tenemos que saber convivir con ellas», insiste la autora, que ayer presentó el libro con su hermana en la librería Ínsula Literària de Palma.

Valentina es graduada en Llengua i Literatura Catalanes y tiene un posgrado en Assessorament Lingüístic i Serveis. Júlia es diseñadora gráfica y juntas crearon La incorrecta (@somlaincorrecta), un proyecto que reivindica el catalán usando el humor, la corrección y el diseño y que en las redes sociales acumula más de 65.000 seguidores. Las hermanas defienden el hecho de hablar en catalán sin pedir perdón porque creen que en muchos casos se corrige demasiado y esto disuade a los parlantes que empiezan y les cuesta «arrancar». Por ello, Valentina dice que el humor y la ironía que utilizan les permite corregir los errores sin ofender.

Es consciente de que este discurso no gustará a los más puristas, pero sí a «todo el mundo». Está convencida de que el libro ofrece una visión más «amplia» de la lengua. Para enganchar al lector y, a la vez, eliminar prejuicios, han recopilado palabras y expresiones sexuales en catalán. Destaca dos: munyir-se el mico (masturbarse) y picar el tió (penetrar). «Al insultar o hablar de sexo solemos hacerlo en castellano, por eso hacemos estas propuestas», comenta la filóloga. De hecho, también han tenido en cuenta las variedades lingüísticas de Mallorca: «Podríamos hacer un Catalanament de cada pueblo y región, sería inacabable, pero hemos incluido en esta riqueza», dice. El libro también recoge trabalenguas y una traducción de anglicismos para boomers, los nacidos en los años sesenta y que los jóvenes suelen identificar como adultos en general. Ante la reducción del uso del catalán, Valentina defiende que es una «realidad», pero que hay que hacer cosas en esta lengua para reivindicarla. «Vemos la ola, pero no corremos; toca arrancar, correr y hacer algo contra la emergencia lingüística», concluye la autora.