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Documenta Balear ha reeditado el libro El paisatge de l’Arxiduc, de Nicolau S. Cañellas, con primera edición en 2015, coincidiendo con el centenario del fallecimiento de Luis Salvador de Austria. La obra cataloga 44 miradores, 32 caminos, 15 merenderos o pedrissos, 3 capillas, 3 casas y 2 jardines, entre otros elementos que el Arxiduc mandó construir o reformar en todas sus possessions de Valldemossa y Deià, aunque hay que recordar que, fuera de estos dos municipios, también hizo adquisiciones, como la Torre de ses Ànimes, en Banyalbufar, o el Castell de Sant Elm, en Andratx.

Cañellas destaca que «el Arxiduc se refería genéricamente a todas sus possessions como Miramar, que fue la finca que funcionó como núcleo de sus dominios. En sus iniciativas constructivas, Luis Salvador no inventó nada. Con anterioridad ya existían miradores y merenderos, pero él le dio a estos elementos mucha más intensidad y constancia. Entre 1872 y 1915 no paró de emprender este tipo de construcciones para disfrutar de la naturaleza. Para el Arxiduc, la contemplación del paisaje nos acerca a Dios y nos hace mejores, y puso mucho interés en que fuera accesible a los demás».

La casa de la isla Lípari, dibujada por el propio Arxiduc, con la crestería que sirvió de inspiración para s’Estaca.

En este sentido, el autor recuerda que Luis Salvador compró las casas de Ca Madò Pilla para convertirlas en un establecimiento de hospedería en el que asumía de su bolsillo la estancia de los visitantes y les proporcionaba leña, todo ello con la intención de que disfrutaran de los paisajes circundantes. Igualmente, mandó construir el refugio de sa Talaia Vell, que fue finalizado en 1907. Allí, los visitantes, además de un techo en un enclave privilegiado, disponían de agua y carbón.

Cañellas señala que «en todo el entorno de Valldemossa y Deià ya existían caminos para la comunicación y la explotación forestal. En los bosques trabajaban sobre todo carboners, pero el Arxiduc decidió que en sus dominios no se cortaría ningún árbol y las vías nuevas o las ya existentes debidamente acondicionadas se aprovecharon para el paseo, el excursionismo y para enlazar miradores, no para la explotación. Que prohibiera cortar árboles no es una leyenda. Es totalmente cierto y el carbón utilizado se traía de fuera».

El autor también resalta que «no hay dos miradores iguales y para la casa de s’Estaca se inspiró en las construcciones de la isla Lípari, en Italia, y su característica crestería, los llamados pizzi. Para el mirador del Puig de sa Moneda, se inspira en el minarete de la mezquita de Kairuán, ciudad sagrada de Túnez».

Cañellas concluye que Luis Salvador «era muy detallista y, con su apabullante personalidad, daba instrucciones muy claras. Todas estas obras significaron actividad para muchas personas, incluso de fuera de Valldemossa y Deià, aunque todavía no se ha estudiado en profundidad el impacto económico que representaron todas sus iniciativas constructivas a lo largo de más de cuatro décadas».