Enric Gomà en Can Alcover.    | Pere Bota

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Enric Gomà (Barcelona, 1963) es escritor y divulgador lingüístico. Invitado por el departamento de Cultura del Consell, ayer participó en Palma en una mesa redonda para presentar ‘Molt a favor’, un proyecto que coordina y que recoge 57 propuestas para favorecer la difusión y el uso del catalán.

Explique qué es ‘Molt a favor’.
— Llevaba tiempo percibiendo un desánimo, una angustia: estas profecías siniestras sobre el futuro del catalán. Y pensé, ¿y ese pesimismo no podría traducirse en propuestas propositivas?

Comprendo.
— Yo tenía una serie de ideas para divulgar la lengua en Catalunya y reuní a varios lingüistas (Pau Vidal, Magí Camps, Rudolf Ortega, Ivan Solivellas, Míriam Martín Lloret y Maria Rodríguez Mariné) que cubren sectores de la prensa y los medios de comunicación. Tenía curiosidad para saber qué pensaban sobre cómo podía difundirse el catalán. Y pensé: hagamos propuestas individuales, comentémoslas y pongámoslas por escrito en un libro. Porque parece que no tengamos capacidad de reacción, y la tenemos: a nivel individual y colectivo, social y político y hasta a nivel económico.

Concrete algunas propuestas.
— Son muy variadas. Una afectan a la Administración, otras a entidades, otras son individuales... Magí Camps, por ejemplo, propone que los políticos no repitan sus declaraciones en castellano, después de hacerlas en catalán, cuando los periodistas se lo piden. Esto ya lo hacía Carod-Rovira hace 15 años y ahora lo vuelve a hacer Laura Borràs. A los dirigentes de Vox y Cs no les pedimos que repitan en catalán lo que han dicho en castellano. Si se lo pidiéramos, se enfadarían. Otra propuesta: que las universidades pongan orden en los cambios de lengua de sus clases. Muchas clases programadas en catalán se hacen en castellano solo porque un alumno lo pide.

En Baleares aun se debate –lo digo como la plantea el españolismo– si hay que priorizar «la profesionalidad» de los médicos o su comprensión del catalán.   
— Conozco la polémica. Pero un profesional médico debe atender correctamente a sus pacientes. Hace poco fui a la farmacia a pedir un jarabe para el rogall [la ronquera] y no sabían qué era [el rogall]. Intenté explicárselo, pero pensé, id a la mierda. Si no sabes qué es el rogall no hagas de farmacéutico. Pues lo mismo con los médicos. Tienen que saber catalán porque es parte de su trabajo. Y al estudiar la carrera deberían estudiar lengua, la relacionada con su ámbito, porque deberán utilizarla al ejercer. Por supuesto que deben saber catalán.

Usted dice que aun hay capacidad de reacción. ¿Cuál es el grado de ambición de sus propuestas? ¿Se trata de prolongar la agonía del catalán?
— Pretendemos cambiar el estado de ánimo que le comentaba por medio de acciones concretas efectivas. Si de estas 57 propuestas se llevan a cabo 18 o 20 para nosotros será fantástico. Pero si además ello influye en los círculos políticos y económicos, será importantísimo. Y si genera otros debates o discusiones, mejor. Algunas ya se han anunciado, como la propuesta de crear una plataforma conjunta de las tres radiotelevisiones públicas autonómicas: TV3, IB3 y À punt.

Yo tengo la percepción de que las instituciones no han conseguido normalizar el catalán en los últimos 40 años.   
— Yo recuerdo cómo estábamos en los años 80 y daba miedo. Todo lo que se ha construido es muy valioso.

Pero las nuevas generaciones van abandonando el catalán.
— En los 80 no se hablaba tanto en catalán. Cuanto menos en Catalunya ya había un 50 por ciento de catalanoparlantes y otro 50 por ciento de castellanoparlantes. Lo que ocurría es que estos últimos vivían en barrios aislados y los catalanoparlantes no se deban cuenta, no lo percibían.