Gente consumiendo en la barra de un bar del mercado de Santa Catalina. | Laura Becerra

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Casi ocho meses después, las barras de los bares dejan de estar vetadas. La relajación de las restricciones provocadas por la pandemia ha permitido a los parroquianos desde este sábado volver a su 'ecosistema natural', la barra del bar. Un espacio donde discutir de fútbol, de política y en el que poner a parir a 'la parienta' o 'al pariente'. Hay conversaciones para todos los gustos.

Sea por el tiempo, caluroso pero desapacible, o por las ganas de almorzar con el codo apoyado en la barra, los mallorquines han copado estas zonas comunes, en especial las de los bares de mercado, aquellas que tienen las tapas más potentes, y que más han padecido las restricciones. Tanta afluencia, por cierto, ha cogido por sorpresa a más de un restaurador, que no esperaba semejante recibimiento de sus clientes, y se las ha visto y deseado para responder a la alta demanda.

Hay que recordar que el Ejecutivo balear anunció esta semana nuevas flexibilizaciones para la restauración; una de las más importantes, permitir de nuevo el uso de las barras, siempre que los clientes estén sentados, consumiendo alimentos, en grupos de máximo dos personas y se respete el metro y medio de distancia entre parejas.

Las barras de los bares vuelven abrirse casi sietes meses después
Las barras de los bares vuelven abrirse casi sietes meses después.

Puede costar creerlo, pero esta medida supone un salvavidas para aquellos bares que no tienen espacio en el exterior para poder colocar mesas y un impulso definitivo para la recuperación de la actividad del sector en su conjunto.

La barra supone para los restauradores pingües beneficios económicos. Y este sábado se ha notado. Así lo asegura la dueña de un local del mercado del Olivar: «Clausurar este trozo de madera rallado nos ha dejado temblando las cuentas. Si no hay barra, aunque pongas mesas, la gente consume menos o, simplemente, pasa de largo».

José y Carlos, por ejemplo, han recuperado una tradición con décadas de amistad y arraigo: berenar juntos cada sábado en el mercado de Santa Catalina y ponerse al día. Llevaban 238 días sin hacerlo 'como toca', con una caña bien fría, un variat y los codos en la barra. Están encantados, como todos los clientes que este sábado se han echado a los bares para recuperar la ansiada normalidad.