Imagen de archivo de Víctor Sánchez.

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El anuncio a principios de enero del cierre de los bares y restaurantes de Mallorca por parte del Govern, ante una importante escalada de contagios de coronavirus en la Isla, prendió la mecha y supuso el nacimiento de un movimiento de protesta, que se presentó como Resistencia balear, dispuesto a casi todo en la lucha por la reapertura de unos negocios ya de por sí mermados económicamente por la pandemia y las restricciones. Liderando la plataforma se encontraba Víctor Sánchez, quien hace unos días tomó la decisión de «dar un paso al lado, no atrás», en esta lucha, y otra aún más difícil, la que pone fin a «un sueño» profesional: el traspaso de As de Tablas en s'Escorxador.

Acaba de recibir una visita de un posible comprador cuando atiende la llamada. «Estoy arruinado, como mucha gente, y no me da vergüenza decirlo. Si pudiéramos abrir ya, ahora, necesitaría seis años de trabajo, sin cerrar ningún día y sin empleados, para poder pagar lo que debo». Víctor Sánchez asegura que como él hay muchos otros empresarios y reconoce que no tiene «la fuerza mental ni física para estar delante del negocio».

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A las deudas acumuladas a lo largo de todo este año de actividad a medio gas, se le suma ahora una sanción de unos 200.000 euros por las diversas concentraciones de protesta llevadas a cabo, sin la autorización de la Delegación de Gobierno. «El negocio funcionaba muy bien, pero en estos meses se acumularon las deudas con la Seguridad Social, el autónomo, alquiler... y ahora ha llegado también el tema de la multa. He estado desaparecido porque no podía para llorar. Sólo sé que si no consigo arreglarlo, traspasar el negocio, la deuda se la paso a mi hijo. Tengo que traspasar para pagar lo que debo y luego ya me encargaré de mirar quién es el responsable de que haya tenido que cerrar el negocio».

Sánchez ha avanzado que, una vez reciba la notificación de la multa, pondrá el asunto en manos de sus abogados.