Pese a los problemas, Pilar ha podido contemplar Madrid nevada.

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La nevada histórica de Madrid del pasado fin de semana deja un recuerdo imborrable para los mallorquines afincados en la comunidad. Filomena ha devuelto a muchos la alegría tras dejar centímetros de nieve acumulada en todos los rincones. Los muñecos de nieve o la práctica de esquí han sido los protagonistas, pero esta «gran caída» también ha originado desabastecimiento en los supermercados, dificultad para ir a trabajar o incluso la imposibilidad de regresar a la Isla.

Pedro Peba es del puerto de Pollença pero lleva ocho años en Madrid. «Nunca había visto algo similar, ha sido brutal», expresa. En su caso, no tenía ropa de nieve, «así que me puse mallas, doble calcetín y botines. Pedro teletrabaja, pero conoce gente a quien le ha sido imposible acudir a la empresa. «No hay autobuses pero no puedes llegar ni al metro por la nieve. Está ahora mismo todo congelado, a la espera de que pasen los quitanieves por las calles secundarias», lamenta.

El pollencí Pedro Peba tirado en la nieve.

Juan Antonio Martínez, de Santa Ponça pero en Madrid desde 2011, ha vivido, junto con su familia, este fin de semana «con ilusión. El tiempo empeoró el viernes y por la noche empezó a nevar muchísimo. No hemos podido ni mover los coches», asegura, quien pudo disfrutar del finde sus hijas Maya y Noa y el trineo.

Maya y Noa, las hijas de Juan Antonio Martínez, jugando el pasado fin de semana con el trineo.
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Atrapados

«Me cancelaron el vuelo el domingo y tampoco pude subir a casa de mis padres, en la Sierra de Guadarrama. Estoy atrapada en la ciudad ahora». Pilar Fernández, madrileña pero en Palma desde hace dos años, llegó a la capital el 19 de diciembre. Debido a Filomena, no ha podido regresar y ha tenido que pasar estos días en casa de amigos: «Me encuentro sin ordenador para teletrabajar, sin maletas y sin poder ir a casa de mi novio, en Aravaca». Confiesa, además, la dificultad que resulta para todos los habitantes caminar por las calles, aún repletas de nieve pero congeladas. «Ya he visto a varias personas caerse», añade. A la espera de poder subir a la Sierra en los próximos días, tiene previsto volver a la Isla este sábado si la situación lo permite.

Ana María Clemente.

Por otra parte, Paula Alonso, periodista mallorquina en Madrid, confiesa la dificultad que ha sido hacer la compra. Ella teletrabaja desde hace unos días y ha salido a la calle a disfrutar de la nieve. Sin embargo, ha visto desabastecimiento en el supermercado: «Fuimos el domingo a comprar y había una cola muy larga», recuerda. El pan, la carne, el pescado y las verduras han sido los alimentos más cotizados y apenas se han repuesto los productos porque los camiones no llegaban. «Yo he podido comprar algo, pero había mucha gente.

Toni Alarcón y Andrea, disfrutando de la nieve.

Había estantes vacíos», narra Toni Alarcón, originario de Palma pero que trabaja como diseñador de videojuegos en Madrid desde hace cuatro años. En el caso de Ana María Clemente, otra periodista en Madrid, se ha encontrado supermercados cerrados en su zona, pero confiesa la «emoción de una de las mayores nevadas en los últimos 50 años». Inés Fernández, que hace once años recaló en Moratalaz, se muestra preocupada por los problemas que el temporal ha generado para aquellas personas que necesitaban acudir a los hospitales. «Ha habido falta de conciencia y poca empatía. He visto a mucha gente joven juntarse en la calle», dice, después de que su pareja, mallorquín y de 30 años, haya pasado estos días una neumonía derivada de la COVID-19.

Inés Fernández.