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La reunión del Comité Federal ha sido una imposición de la trama andaluza del PSOE (que lleva más de tres décadas en le poder) al resto de federaciones socialistas. El resultado parece claro: 139 votos a favor de la abstención contra 93 por el «no» y dos que no se atrevieron a votar (47 votos de diferencia). Pero no es tanta diferencia. El PSOE andaluz tiene metidos 51 miembros en el Comité federal, muchísimos más que cualquier otra federación. Es un abuso. Andalucía tiene ocho millones de habitantes pero votan en el comité federal como si representasen a una autonomía de 16 o 18 millones. Es una anomalía democrática. Votaron todos en tropel para permitir que Rajoy sea presidente. Pero si se excluye el medio centenar de andalusí, en el resto de España la victoria fue para los partidarios del «no», muy ajustada pero victoria «coherente» al fin y al cabo. Si a ello se añade el voto del miedo al sultanato sevillano, se ve claro que el alma socialista no esta mayoritariamente, incluso en sus órganos de dirección, a favor de bajarse los pantalones ante el jefe de Bárcenas.

Las ideas se demuestran en la práctica, no bajo el escudo de unas siglas. Tras décadas y décadas pisando moqueta sin haber vuelto a la oposición como todos los mortales en democracia, la cúpula socialista andaluza exhibe modos y maneras derechistas. Defienden intereses, no ideas. Su comunidad es la gran mimada del poder central madrileño: recibe mucho más dinero del que aporta. Los recursos les llegan de Catalunya, de Balears, de València....Es lógico que la faraona de Sevilla quiera seguir mandando al precio que sea porque se juega el vinito, el pescaíllo frito y el Viva la Vírgen.

Además, el PSOE andaluz las pasa canutas a causa de las investigaciones judiciales sobre los ERE y los cursos de formación. Susana tiene a sus dos padres políticos, Chaves y Griñán, imputados. No es extraño que busque un pacto con Rajoy, que también tiene empapelados al tesorero, a un buen surtido miembros importantes y al propio partido como persona jurídica. Mariano y Susana se necesitan, igual que el poder central madrileño (tanto económico como estatal), precisa de una autonomía grande y fuerte que le sea objetivamente leal, para mantener su dominio sobre la periferia transformadora y progresista (catalanes, baleares, vascos, valencianos,navarros, cántabros...). que aspiran a una transformación social y a un Estado federal sin que el Manzanares, el Guadalquivir y sus oligarquías se impongan y chupen del resto. Esta profundización de las libertades (antaño conocida como revolución burguesa) adquiere siempre ropajes ideológicos muy progresistas, pero al final de lo que se trata es de alcanzar una política fiscal equilibrada y un desarrollo económico sostenible basado en la productividad y no en el pelotazo y en el trinque de impuestos birlados a otros.

Estas son las causas objetivas del desastre del Comité Federal. Pero hay otras subjetivas. Y tales subjetivismos siempre se resumen en un solo concepto: enfermiza obsesión del poder por el poder. Y ahí entra Felipe González, padrino de Susana, hoy millonario consejero de grandes empresas y de negociantes ligados al petróleo, de dudoso pelaje. González es el embajador plenipotenciario de la Junta andaluza en Madrid. Es más, aún se cree que el PSOE es suyo. En 1979 protagonizó un amago de dimisión como secretario general para cargarse a los que le criticaban. «Hay que ser socialista antes que marxista», dijo. Años después hizo lo mismo con el referéndum de la OTAN. Aprendió a jugar fuerte y tomó al PSOE por su cortijo particular. Ahora lo ha demostrado otra vez echando a Pedro Sánchez. Él manda y él decide con quien pacta su cortijo porque maneja a sus poderosos tablaos andaluces, cúpulas que van camino de cumplir cuarenta años en el poder viviendo a cuerpo de faraón. Luego están las envejecidas marionetas sedientas de influencia: Rubalcaba, Pepiño Blanco, Valenciano, Jáuregi...triste tropel que ya no comprende el signo de los tiempos y se arrastra para escapar del olvido.

En el PSOE hay miedo a González. Manda, impone y expulsa como un generalísimo bananero. Y se lleva bien con Rajoy, con el Gobierno del PP y con la derecha económica. Negocia con ellos. Esa es la clave. Por puro pánico, todos los presidentes autonómicos socialistas menos una se han arrodillado ante González, es decir, ante el PP. Todos menos Francina Armengol.

Balears es tierra laboriosa y conservadora. Pero de hombres y mujeres libres, sin cadenas. Le repugnan los cortijeros andaluces, los que se creen señores de vidas y haciendas. Muchos andaluces, huyendo del cortijerismo, se han convertido en Balears, su nueva tierra para ellos y sus hijos, en hombres y mujeres hechos, derechos, formados y libres en una sociedad igualitaria. La prueba del anticortijerismo balear es clara. Mientras en Andalucía los mismos sultanes mandan desde hace más de treinta años, en el Archipiélago desde 1995 ha habido cambio de Govern y de color político cada cuatro. Nadie ha repetido. Aquí no hay redes clientelares capaces de torcer la voluntad popular.

Por eso Francina y su PSIB están dispuestos a resistir. Tienen detrás una sociedad viva y dinámica...Y han construido un modelo balear de pacto que pueden exportar a Madrid. Es el estilo de una sociedad avanzada que cree que no son las ideas lo más importante, sino las personas que defienden estas ideas. La izquierda se marchita en tierras de cortijeros y se vuelve motor de progreso donde se tiene fe en el trabajo,, en la igualdad de oportunidades y, sobre todo, en el empuje de los jóvenes.

Parece que el PSIB ha perdido. Pero a medio plazo lleva las de ganar. La camarilla de flores marchitadas, faraones y sarcófagos que controlan ahora el PSOE no podrán evitar la llegada de un congreso extraordinario y el empuje de su militancia Y Armengol puede liderar este proceso estructural hacia un nuevo Estado federal que iguale a todas las comunidades e que impida los abusos de los sudistas cortijeros aliados del centralismo. Los valores que defiende el PSIB y la coherencia de quienes lo conforman ha ganado en muchas partes, menos en tierras nazaríes y sus aledaños. Si Francina y los suyos aguantan, el modelo balear se hará imparable porque mira al futuro.