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Dependiendo de sectores de actividad, perder el empleo fue tiempo atrás una probabilidad anunciada para la que se tomaban medidas previas. Hoy, a causa de la crisis económica, muchos despidos son repentinos y han encontrado a sus protagonistas desprevenidos y faltos de horizontes. Los psicólogos identifican este escenario con las situaciones humanas íntimas presididas por la congoja y la ansiedad, pero que ahora son muy sociales.

Para la psicóloga Pilar Fuentes, la situación de quienes ahora son despedidos por ajustes de las empresas en sus cuentas de explotación y no por cuestiones de celo profesional, «generan mucha angustia en el doble plano de la pérdida en sí y de la perspectiva de que las circunstancias podrían hacerlo irreversible».

Su colega Isabela Di Carlo añade a las características de ese dolor psiquico inmediato el hecho de que «las angustias especiales ligadas a la superviviencia de uno mismo y de su entorno, lo que podríamos denominar angustias especiales, acaban volviéndonos más neuróticos».


Protocolos

Gabriel Carrasco, psicólogo y profesionalmente dedicado como consultor a sugerir a las personas la mejor manera de encontrar un empleo, entiende que hay una situación novedosa y que empieza a ser notable en cuanto al despido «súbito» de profesionales de cierta cualificación, pero sostiene que «las claves para salir adelante son las mismas de siempre para superar de esa situación comprometida, es decir, buscar trabajo un mínimo de cuatro horas al día, con un protocolo establecido por la propia persona y según el cual siempre sintiendo que está haciendo algo productivo».

Al consejo de la búsqueda «decidida» de un nuevo horizonte laboral se suman también Fuentes y Di Carlo, para quienes es tan importante «armarse de paciencia» como «ser especialmente activos y creativos» cuando las circunstancias son dramáticas.

Desde el punto de vista profesional, ambas coinciden en que la fortaleza y la integridad de carácter «son esenciales» para hacer frente a una situación apurada que, además, «no nos enfrenta, como es habitual, únicamente a nuestro mundo interno, sino a una situación externa que pone a prueba a multitud de personas en situaciones críticas».

En todo caso, Fuentes alude a una perspectiva que en su opinión deberían tener seriamente en cuenta los españoles para abordar estos «aprietos» a lo largo de su vida laboral. «En EE UU -señala-, la media de cambio de lugar de trabajo y casi siempre de residencia está en cuatro años, y en algunos países europeos es bastante similar».