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El poblado de Son Banya siempre es noticia por actuaciones de la Policía Nacional contra determinados clanes o contra la venta de droga, pero nunca se habla de una cuestión mucho más importantes, la situación en la que se encuentran los menores que viven allí. Su día a día es similar, o muy parecido, al que solemos ver en la televisión de países llamados pobres. Montones de basura y niños jugando o rebuscando en ella. Claro que no estamos en ningún país de ésos, sino en un país desarrollado, o al menos eso dicen, y en una ciudad como Palma, una de las joyas del Mediterráneo, de ahí que cueste ver esas imágenes, y lo que es peor, que nadie haga nada por remediarla. Muchos se preguntarán qué hace el Ajuntament, y más concretamente su concejal de Benestar Social i Participació Ciutadana, Eberhard Grosske, que no pone solución a una situación del tercer mundo. ¿No puede hacer nada, no quiere hacerlo, o cuál es la respuesta?, lo cierto es que imágenes como ésta dicen muy poco de nuestros dirigentes, que permiten situaciones esperpénticas en medio de una ciudad «abierta y cosmopolita».