Xavi Solano: “El futuro de la vitivinicultura de Menorca es ilusionante”

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La viña empieza a tener brotes verdes y los viticultores están expectantes por saber si la próxima temporada turística consolidará su mejora respecto al año pasado.

La viña empieza a tener brotes verdes y los viticultores están expectantes por saber si la próxima temporada turística consolidará su mejora respecto al año pasado.

Acaban de hacerse públicos los datos de producción y comercialización del vino que se elabora y produce bajo la Indicación Geográfica Protegida Vi de la Terra Illa de Menorca durante 2020, el primer año marcado por la pandemia. Mientras que la producción aumentó cinco puntos, las ventas cayeron un 23,5% y las bodegas facturaron un 20% menos. Los elaboradores son optimistas y mantienen la ilusión del sector por la llegada de nuevos elaboradores, tal y como explica Xavi Solano, presidente de la asociación de productores locales y copropietario de la Bodega Sa Forana.

¿Cuál es la situación de bodegas y viticultores una vez pasado este 2020?
Estamos todos a la expectativa, desando que la nueva temporada pueda ser un poco mejor que la anterior. La pandemia nos sorprendió, temimos por una caída brutal del producto que nos asomaba al precipicio pero visto el resultado, podemos estar satisfechos. Evidentemente, en una situación como la vivida, no solo está el volumen de lo que pierdes sino también, lo que dejas de crecer y en estén sentido, la COVID-19 frenó la buena marcha de nuestro sector de los últimos cinco años.

¿Cómo han logrado sobrevivir a la pandemia sin turismo ni hostelería?
Por suerte, no perdimos a todos los visitantes porque los meses de julio y agosto fueron buenos, que incluso convirtieron agosto en uno de los mejores que se recuerdan. Había ganas de verano y se notó. Por otro lado, aumentó la consciencia hacia el consumo de producto local.

¿Qué han aprendido?
Que depender excesivamente de una sola tipología de cliente es peligroso, que no podemos basarnos exclusivamente en el turista y la hostelería. Tenemos que abrirnos a la exportación cuanto antes así como potenciar la venta al cliente que compra vino para consumo en casa.

¿Se han sentido respaldados por las administraciones?
Más allá de las palabras, realmente no. La sensación es que la administración frena el desarrollo de los proyectos, convierte las tramitaciones en procesos tediosos e inacabables, desalienta por su exagerada lentitud en dar respuesta y convierte los anuncios de planes de mejoras en desesperación. El ejemplo lo tenemos con la imposibilidad de incorporar nuevas variedades, donde las bodegas no tenemos capacidad de investigación y el titular de la IGP, que es el Consell Insular, tampoco destina recursos ni empeño.

¿Cómo explica este gran interés de inversiones extranjeras por plantar vino en Menorca?
Se suman diversos factores. El primero es Menorca y su potencial como territorio excepcional en el Mediterráneo, con unos valores medioambientales muy sólidos. En segundo lugar la búsqueda de nuevos modelos agrarios de secano como alternativa al monocultivo de la leche y el queso. En tercer lugar el auge en general de la demanda de producto gastronómico de valor añadido, la posibilidad de hacerlo realidad en un entorno inmejorable. Todo esto arrastra y el futuro es realmente motivador.

¿Cree que vamos a vivir un antes y un después cuando entren en explotación los nuevos proyectos que hay ahora encima de la mesa?
Es evidente que vamos a vivir un cambio muy importante en el sector pero no hay que temerlo porque estoy convencido que vamos a ganar todos. Y lo digo porque los nuevos elaboradores llegan muy preparados, con técnicas innovadoras en la vinificación, con proyectos muy profesionalizados y con el foco puesto no solo en el mercado interno, sino sobretodo en la exportación. Las bodegas locales hemos partido desde cero y esto nos hará aprender, mejorar y nos ayudará a abrir camino fuera de nuestras fronteras. Es una muy buena noticia para el campo de Menorca.

¿Hay posibilidad de que las bodegas de Menorca puedan ofrecer enoturismo?
Ya se está ofreciendo tímidamente pero volvemos un poco al celo de nuestra administración pública, cuya concepción de enoturismo se limita a permitir una pequeña tienda en la bodega o las visitas guiadas. El freno general al desarrollo urbanístico de la isla ha condicionado también este tipo de iniciativas que se dan en otros territorios y que en nuestro caso, no destruirían Menorca sino que ayudarían a ofrecer mayores oportunidades al campo.